El sexo como elemento de comunicación y comunión en pareja
Para UNO (en SL)
¡Hola! Lene me ha invitado para que conversemos sobre la sexualidad como elemento de comunicación y comunión en la pareja.
Suelo insistir en que analizamos aspectos de la vida humana por separado como un artificio para tratar de entenderlos mejor, porque en la experiencia la vida misma es una maraña de sensaciones que no se dan por separado y se juntan; no se trata de partes que se unen para formar un todo sino que se trata de un todo que es más que la suma de las partes. En este tema, en especial, es importante recordarlo: la sexualidad en pareja no es sólo la noción de sexualidad más la de pareja, sino que es una sexualidad que toma una forma específica en cada pareja y puede ser bastante diferente de la sexualidad que cada una de esas personas tenga por sí sola o con otras posibles parejas. Me interesa destacar el hecho de que no estoy hablando de frustraciones, ni siquiera de negociaciones, sino, sencillamente, de que es una sexualidad que vayamos construyendo entre dos (o entre tres o cuatro cuando se suman hij@s; entre cinco o seis, si les agregamos l@s “jefes” de cada un@ en el trabajo, o entre ocho y diez si se cuentan l@s progenitores de cada quién… bueno, ya me entienden que, aunque no sea literalmente –con los hij@s puede serlo, incluso- la mayor parte de las veces, se meten en la cama un montón de personas junto con la pareja. Parte del reto, al iniciar un encuentro sexual de pareja, es ir tirando de la cama a l@s demás.
¿Por qué esta salvedad antes de introducirnos de lleno en el tema? Porque notaréis que voy a hablar mucho de cosas que no son propiamente sexuales y que, sin embargo, tienen una gran influencia en la sexualidad de una pareja.
La vida sexual de una pareja, para empezar, no es una línea recta. Diferentes factores, el stress laboral, los cambios vitales, la presencia demandante de l@s hij@s, las historias personales de cada un@ que pueden activar “puntos sensibles” produciendo hiper-reacciones en alguno de l@s miembr@s, etc., van dibujando una especie de línea curva que en sus picos alto nos muestra etapas de gran pasión; periodos dulces y amorosos aunque quizás menos pasionales en otros momentos y zonas de “hundimiento” en que la pareja parece estar alejada en lo afectivo y también en lo sexual. De hecho, ni siquiera necesariamente van al unísono estos aspectos. Habrá momentos en que la pareja se sienta afectivamente muy ligada, pero con poco deseo y otros en que, aún cuando afectivamente no estén muy bien, justamente la pasión y una sexualidad más salvaje mantenga “atado el lazo”. Es algo muy particular de cada pareja y de cada momento en su historia.
En sociedades como la que conocemos y en las que participamos quienes estamos aquí la sexualidad es una conducta bastante exclusiva de pareja. Se trate de matrimonios formales y legalmente constituidos o no, la ideología más extendida es que la sexualidad es un comportamiento de pareja con cierta estabilidad. Las relaciones sexuales humanas inevitablemente están ligadas a lo afectivo (no necesariamente el sentimiento de amor romántico, aunque suele considerarse requisito desde la mirada más hegemónica sobre la sexualidad), pero sí a lo afectivo.
En una relación sexual las personas se tocan, se besan, intercambian fluidos y desencadenan cambios hormonales en sus respectivos cuerpos que alteran, inevitablemente sus emociones.
Primero, porque para comenzar un encuentro sexual ambas personas han de sentirse atraídas mutuamente. En esta atracción (que es una sensación, un deseo de estar cerca, de tocar y ser tocad@, algo así como un imán que te emplaza a acercarte al/a la otr@) ya se han alterado emociones y hay cambios en el cuerpo y su capacidad de respuesta a eventos del medio ambiente, por ejemplo, la atención se focaliza sobre la persona que te gusta (se vuelve “la figura”) y las otras cosas pasan a constituir “el fondo”, aquellos que percibes con mucho menos detalle y relevancia (y aquí es cuando comienzas a tirar de la cama a hij@s, jefes, las cuentas, la familia de origen, la lista de la compra, el mecánico del coche, etc.). Sin embargo, para que esta atracción física exista, no basta la belleza, la cuestión estética. Tod@s hemos conocido o visto personas guapísimas que “no nos ponen” nada. ¿Por qué? ¿Podéis darme ideas de por qué nos pasa esto?
En efecto, además de feromonas, gestos, manifestaciones de interés de parte de la otra persona, etc. la atracción física y su posible paso siguiente, la activación del deseo sexual dependen no sólo de la belleza física (que además es relativa a criterios temporo-espaciales y a gustos personales). Eso es algo importantísimo que solemos olvidar o que nos engañamos pensando que corresponde a otros aspectos de la vida afectiva pero no a la sexualidad: el otro, la otra, nos resulta atractiv@ cuando estamos en disposición receptiva al deseo y eso tiene que ver con nosotr@s y nuestro estado, sí, pero también con lo que percibimos de la relación de pareja y de nuestra compañer@.
Así, una de las quejas habituales en la pareja es que el deseo sexual se va perdiendo con el tiempo. En consulta, yo misma he llegado a tener clientes que llevaban ya diez años sin compartir conductas sexuales. La frustración se va adueñando de las vidas de estas personas (a menos que ambas hayan dejado de desear; cosa que no suele coincidir, aunque ocurre) y, pasado un tiempo, ya no saben cómo reanudar la vida sexual porque cualquier acercamiento les paree artificial y se les hace un mundo dar un solo pasito.
Pero vamos a hacer las cosas de un modo diferente: vamos a centrarnos en la “experticia”, es decir, vamos a observar qué hacen las parejas que se llevan bien, que disfrutan de una sexualidad rica que parece funcionar casi como un pegamento de estos que anuncian en la televisión y que nadie puede despegar. Una sexualidad que no sólo les produce placer físico sino que les mantiene enamorad@s, a gusto un@ junto al/ a la otr@ y bien cada quién consigo mism@ a pesar de los momentos críticos que todo mundo pasa en su vida.
¿Habéis conocido (de primera o segunda mano) relaciones así? ¿Quiénes sí, podéis decirme algo sobre lo que observasteis en esas relaciones?... me refiero a cosas concretas, por ejemplo, y ya os adelanto una: es gente que se toca mutuamente con bastante frecuencia.
Ha estado difícil me parece. A ver, revisemos algunas cosas.
- Yo les mencionaba que se trata de parejas que se tocan: se toman de las manos, se hacen caricias dulces, pero, también, lo voy a decir en el lenguaje más sencillo y comprensible posible, “se meten mano”. Da igual la edad que tengan, da igual el tiempo que lleven junt@s: se meten mano. Juegan, han convertido la sexualidad en un lenguaje propio, que el@s, junt@s, han construido y saben lo que se dicen con los cuerpos y cuando no lo saben, proponen, invitan, nunca presionan ni obligan. No hay nada que mate más la sexualidad de una pareja que el que un@ de ell@s se sienta presionado para el sexo. He escuchado a personas decir: “No, es que si le doy un beso, si le toco el culo, ya cree que de inmediato quiero cama y, en lugar de mimarme y jugar un poco, me veo en una situación que no quería, casi obligad@ a “cumplir”. Las parejas que han hecho de la sexualidad un juego fuerte y sano entre ell@s se tocan muchas veces sólo por el placer de sentir deseo, de alimentar el deseo de la otra persona, de sentir la cercanía de su cuerpo y su presencia concreta en su vida… y eso no siempre ha de terminar con la ropa en el suelo.
Al tocarse, aunque no tengan ni idea, estas personas están manteniendo altos sus niveles de occitocina, una hormona que ya alguna vez he mencionado antes y que se apoda “la hormona de la ternura”. Es la misma hormona que secretamos las mujeres tras parir. El sentimiento amoroso crece y el deseo también. Se activan la dopaminas que son hormonas que producen placer y ¿quién no desea más placer y no vuelve a buscar la fuente en que lo ha encontrado? Varias hormonas y neurotrasmisores más entran en juego, pero no voy a complicarles (y complicarme, suelo enredar los nombres) con ello. Como comer abre el apetito, el juego sexual hace que desees más juego sexual.
- Cuidan un@ de otr@. Hay una teoría que suena terrible cuando se menciona porque parece muy fría, pero veamos: propone que la relación de pareja se puede pensar como una inversión bancaria. Cada miembro de ella ha de tener la sensación de que pone sus bienes (con el esfuerzo que supone generarlos) y que recibe intereses, que gana, que la inversión ha valido la pena. Si un@ de l@s miembr@s de la pareja tiene la sensación de que es quién siempre da y el/la otra no responde adecuadamente, nunca toma la iniciativa, no pone nada de sí o muy poco, comparativamente, se sentirá frustrad@, se irá alejando y dejará de desear (y de, poco a poco, de amar) a su compañer@.
Las parejas que se llevan bien en la cama y fuera de ella están constituidas por personas que se dan bienestar mutuamente, que invierten energía en la relación y que sienten que su par hace lo mismo. Hace unos años nos visitó en Barelona un investigador, un sociólogo que lleva años trabajando en masculinidad, Kimmel, y una de las cosas que nos contaba era sobre una investigación (no era suya, pero no recuerdo a l@s autores) que mostraba que los hombres que disfrutaban de más y mejor sexo en pareja eran aquellos que coparticipaban en las tareas del hogar. ¿Por qué? Las explicaciones son simples: sus compañeras estaba menos agotadas al llegar “la hora del sexo”, había más posibilidades de que existiera esa “hora del sexo” porque las tareas se hacen más rápido entre dos y, sobre todo, ellas se sentían abiertas a vivir placer con alguien que no percibía como un explotador de su cuerpo. Difícilmente se puede desear compartir el placer corporal con una persona que sientes que ha estado todo el día explotando tu cuerpo para no hacer trabajar demasiado el suyo. Si sientes falta de equidad en tu relación, poco vas a desear. Así que a los varones, sobre todo, presentes en esta sala, os recomiendo: poned la lavadora, colgaros el mandil de la cintura (a ser posible nada más) y cocinad; haceros un par de fotos con el movil que podéis mandar en un SMS a vuestra pareja: “la casa te espera sin tareas pendientes; yo, con ganas de sentir tu cuerpo” (y que sea eso, ¡eh!, “sentir tu cuerpo” que va muy mal para estimular el deseo que la pareja tenga la percepción clara de que su compañero hace un primer paso y ya está ahí, como cachorrito que ha cogido el palo que le han lanzado, esperando el premio)
Hay un precioso juego que usamos mucho l@s sexólog@s y terapeutas de pareja para estimular esta sensación de que ambos invertimos y ambos ganamos. Recordadme pasároslo después en una notecard.
- Las parejas felices se comunican de manera asertiva, tanto en lo sexual como en todo lo demás. Es decir, se escuchan (y eso no es lo mismo que estar haciendo algo y cuando te preguntan: “¿a ver, qué te dije?” repetir como loro la última frase que también estamos oyendo por primera vez cuando sale de nuestra boca) y dicen los que sienten honestamente pero cuidando de no herir los sentimientos del/ de la otr@. No puedo detenerme en cada punto porque no terminarías nunca, pero hay claves bastante sencillas para aprender a ser asertiv@s que voy sólo mencionar: usar mensajes “yo”, es decir, la primera persona, como me siento, qué me pasa respecto de esto; ser concretos en la solicitud, no generalizando o etiquetando; solicitar en positivo y no quejándose de lo negativo, etc.
Siento que me estoy alargando demasiado y quiero tiempo para la conversación. Se quedan muchas cosas, pero el tema es muy amplio por lo que ya les decía al principio: no se trata de conductas puramente sexuales, sino de crear el clima de deseo sexual entre los miembros de la pareja y, lo siento, no funciona con pender dos velas justo antes de invitar al/a la compañer@ a la cama.
En el encuentro sexual, esta pareja satisfecha y feliz, comparte la toma de iniciativa: a veces un@, a veces, él/la otr@; propone juegos o pequeñas nuevas aventuras siempre atenta y respetuosa a la recepción de su compañer@; cada un@ muestra al/a la otr@ que escucha lo que dice aún sin palabras: nota un movimiento de evitación y es capaz de preguntar: ¿quieres que deje de hacer esto?, ¿prefieres que te haga esto otro? O simplemente prueba a cambiar o pregunta qué “menú” le apetece o si quiere pedir “a la carta” (y a la solicitud específica a la carta, obviamente, siempre se puede contestar, si es lo que apetece: “eso no está disponible hoy, pero la casa sugiere….”). Se insipiran, leen quizás juntos, un@ para el otr@ (en turnos, claro, si no, no hay quién se entienda, jejje) literatura erótica o un libro sobre sexualidad que sugiere posturas. En fin, en estas parejas la sexualidad, como todo lo demás envía el mensaje de un@ a otr@ de “tú me importas, quiero verte feliz, quiero sentirme feliz a tu lado”. El sexo es un elemento más de su comunicación y su complicidad.
Una sola última cosa de las mil que quisiera decirles: esto no es fantasía, esto ocurre, pero no ocurre por arte de magia o con sólo desearlo. Como todo en nuestras vidas, ocurre porque nos ponemos a ello. A mí, en las primeras sesiones me suelen decir: “Pero, Iza…” –bueno, no, me dicen: “Pero, Flavia…”- “es que así resultará todo tan poco natural. Nosotr@s lo que queremos es que esto nos salga de manera espontánea…” e imaginen la carita de desilusión, pro favor. Y yo suelo contestar: “¿Cuánto te preparaste para tu profesión; cuántos años de estudio, cuánta planificación y calendarización y sacar el tiempo de donde no había para ir a las prácticas? ¿Y al empezar en esta empresa o lo que sea en que trabajes ahora, ¿no hiciste una formación específica? ¿No vas a cursos todavía de tanto en tanto, no tienes un horario de trabajo? Y más o menos lo mismo se aplica para los hobbies, para cuando va a nacer un hij@ (que cursos de preparto, lectura de libros sobre desarrollo desde el embrión hasta los 25 años de vida más o menos, puericultura, etc.)… ¡para todo lo que queremos hacer bien y disfrutar! ¿Por qué, entonces, asumimos que una buena relación de pareja, que una placentera sexualidad compartida será fruto del azar y el abandono a su suerte? Y por ahí empezamos, cuestionando lo mal que hemos aprendido sobre sexualidad, pareja, amor, etc…. y por aquí termino yo de una vez hoy para que abramos el debate.
¡Gracias!