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Duelo por separación
Una de las causas más
frecuentes de depresión y angustia son las rupturas de pareja.
Aún cuando seamos
quienes hemos decidido el final de relación, no resulta nada
fácil aceptar que el proyecto en que estábamos comprometid@s ha llegado al final. Además de las
cuestiones prácticas con
todo el gasto de energía que implican, están nuestros
sueños hechos añicos y los mitos sobre el amor romántico
que nos han llevan a sentir que “nunca fue lo que creí”
porque si lo hubiera sido, habría sido eterno.
Los amores, como todo aquello
que está vivo, nacen, crecen y mueren. A veces, porque éramos dos
personas maduras, capaces de ser
felices con nosotr@s mism@s;
porque lo hemos hecho bien amb@s y hasta porque la suerte
nos ha ayudado, este amor ha muerto con nosotr@s y no
antes. Sin embargo, muchas veces, para llegar a esta madurez, para encontrarnos
con otra persona que también lo haya hecho, para saber reconocerla y
para aprender a cuidar de un amor que es viable, hemos necesitado vivir otras
relaciones que han sido hermosas (o no) y que han llegado a su fin.
La capacidad de amar, de
enamorar a otr@ y de compartir la felicidad, no se va con la relación
que se ha quebrado, sigue estando en un@.