¡Gracias a tod@s por estar aquí!

 

Hoy recordamos que un 25 de noviembre, el de 1960, las hermanas Mirabal, también conocidas como "Las mariposas", fueron asesinadas por la dictadura de Trujillo (en Rep. Dominicana). Fueron asesinadas no sólo por ser activistas contra el régimen, también, y especialmente, porque Mireya Mirabal, la más activa de las tres, había negado su "favores sexuales" al dictador. Fueron asesinadas no sólo por ser luchadoras, sino por ser luchadoras mujeres: unas "niñas" no podían poner en ridículo a Trujillo y su institución.

 

Este fue el argumento usado en el 1er encuentro feminista latinoamericano y del caribe, en Bogotá, Colombia, en 1981, para pedir que este día, 25 de noviembre, sirviera, internacionalmente, para exigir el fin de la violencia contra las mujeres.

 

En sociedades como las nuestras, las conocidas como "desarrolladas" o en "vías de desarrollo", el patriarcado, una ideología que divide el mundo en dos categorías: hombres y mujeres, estos dos supuestos grupos se entienden como polares, complementarios y jerarquizados. Ser hombre y ser mujer se definen por oposición y ser lo primero sigue siendo más valorado que ser lo segundo, aunque a primera vista pueda no parecerlo.

 

La violencia machista (que no violencia de los hombres) se ejerce no sólo sobre las mujeres. Los hombres también son víctimas de ella. Han de probar continuamente que son "hombres de verdad", que valen como tales y para eso corren riesgos innecesarios y se exponen a la violencia con la exigencia de ser más violentos que otros y no mostrarse nunca vulnerables... ninguna sospecha de "ser femenino" porque ser femenino es ser "menos".

 

Hoy, 25 de noviembre,  el centro de nuestro interés está en la violencia que padecemos las mujeres sólo por hecho de ser tales. Aún cuando seamos menos violentas (como promedio de la categoría, porque, obviamente, todo ser humano puede ser violento; también una mujer).

 

Es importante entender que la violencia no sólo se manifiesta como daño por agresión directa al cuerpo. Que los salarios de las mujeres con igual formación y función que un un compañero de trabajo sean más bajos, es violencia institucional; que tengamos miedo de caminar solas por una calle según a qué hora, es violencia; que nos sintamos más vulnerables desde niñas hasta la ancianidad, es violento, innecesario y evitable. Existen grupos humanos que han sabido desarrollar culturas no violentas contra las mujeres (y no suelen ser las que llamamos "avanzadas" o "desarrolladas").

 

Y, os recuerdo, que la mayor vulnerabilidad de las mujeres, se da en la casa, en el sitio que se supone más seguro, donde compartes con aquellos a los que, por amor y cultura, estás más expuesta, menos crítica, más abierta, más dispuesta a comprender lo incomprensible, a tolerar lo intolerable y a sentirte culpable de "provocar" esa violencia.

 

Hoy, tod@s junt@s, queremos invitarnos mutuamente a comprometernos a estar más atentos a estas formas de violencia, a cuidar de no cometerlas, de no ser cómplices con en silencio o la inactividad, a auto-observarnos (hombres y mujeres, porque aunque no suela matar, la violencia machista de la mujer que, por ejemplo, acusa a otra de "zorra" por su forma de vestir, reproduce justificaciones para la agresión de hombres físicamente más fuertes y culturalmente presionados a "controlar a SUS mujeres" -hijas, parejas, etc.).

 

Hoy os pido que recordéis cotidianamente que el mundo y cómo es, lo hacemos cada un@ de nosotr@s. Que todo siga igual, que empeore aún, o que tengamos un mundo un poco más justo, agradable y seguro (virtual y/o "real") depende también de mí; también de ti.

 

Gracias de nuevo por estar aquí y mostrar que nos importa y que no callamos. Gracias a tod@s l@s que habéis hecho este encuentro posible, a Redix y a Eiko, a cada un@ de l@s que ha difundido el evento y a tod@s l@s que habéis venido.

 

Izabelith Vella (Flavia Limone Reina) y el grupo De-generad@s.