Machismo en
Internet
Flavia A. Limone Reina
Introducción
El siguiente artículo examina algunos aspectos de
la producción y reproducción del machismo en la sociedad. En particular, analiza
cómo se expresa el machismo en ciertos discursos. El marco teórico para este
análisis es multidisciplinario y combina ideas de los estudios de género,
análisis del discurso y teoría de la ideología. Los textos que se usan como
datos se buscaron en internet. La epistemología feminista
socio-construccionista será un trasfondo evidente (espero). Originalmente, este
texto fue redactado como trabajo de asignatura en el marco del Doctorado en
Psicología Social de
El
machismo, considerado aquí como los comportamientos (actitudes, acciones y
discursos) congruentes con el sexismo y el patriarcado, es diariamente
reproducido por hombres y mujeres en una serie de prácticas sociales más o
menos triviales. Practicas por medio de las cuales se confirma la subordinación de las mujeres a
los hombres. El discurso es una de ellas y contribuye a la reproducción del machismo
de múltiples maneras. Un ejemplo bien conocido es el cómo habla un hombre
machista a una mujer. En este caso, el abuso de poder masculino puede actuar
directamente en el control del discurso y
en la marginalización de la
mujer, por ejemplo, imponiendo el tema, interrumpiendo la conversación de la
mujer o humillando a la mujer por medio del uso de lenguaje denigrante o
insultante (Tannen, D. 1996)
Otra forma típica de discurso machista puede verse
en cómo hablan los hombres acerca de las mujeres, especialmente con otros
hombres. Tal discurso tiene varias funciones sociales; por supuesto, puede
dominar o humillar a las mujeres, pero, sobre todo, puede mostrar a los otros
congéneres que tan “hombre” es el que se expresa. Además, dicho discurso
formula y reproduce persuasivamente la ideología patriarcal acerca de los
géneros y la subordinación de la mujer. Esta es sólo una de las maneras en que,
actualmente, los hombres aprenden a ser machistas. En este artículo, focalizo
sobre este tipo de discurso. Sin embargo, de lo dicho anteriormente puede
extraerse una idea errónea; el machismo no sólo es reproducido por los hombres.
Podemos encontrar también –muchísimas- mujeres involucradas en su reproducción.
Eso significa que no sólo debemos estudiar cómo se expresan los hombres sobre
género, relaciones y poder, sino también las mujeres (sin caer en el extremo
machista que explica –como única causa-
la reproducción de dicho fenómeno a través de las conductas maternas).
Los textos fueron extraídos de internet básicamente por dos razones: razones prácticas,
ya que esta es una fuente de material de fácil acceso y lectura que no requiere
de trabajos previos como la transcripción y que son difundidos abiertamente con
la intención de influir sobre las ideas ajenas. Por otra parte, es una nueva
forma de comunicación y difusión de ideas que merece atención.
Objetivos
El
objetivo central de este trabajo será detectar la presencia de machismo en los
textos hallados en internet y poner en evidencia así que, lejos de lo que suele
pensarse, aún en los tiempos que corren y en una estructura tan moderna como la
red computacional el machismo sigue siendo evidente.
Para llevar a cabo este trabajo se analizarán cinco textos obtenidos
de internet bajo las palabras: machismo, machista, mujer, feminismo. Se trata
de textos que se encontraban en la red en enero del año 2000 y publicados entre
1996 y 1998.
Marco Teórico
El discurso
machista como manifestación de la ideología patriarcal.
Un primer paso que parece necesario es buscar una
definición del concepto "machismo". De acuerdo al Diccionario de la
Real Academia de la Lengua Española el machismo es: “actitud de prepotencia de
los varones respecto de las mujeres” (RAE 1992: 910). Según esta definición
sólo los hombres podrían ser considerados machistas. Nuestra definición de
machismo es un poco más amplia y entendemos por tal las actitudes, acciones
y discursos consecuentes con un sistema social (S. s./g.) en que los géneros son jerárquicamente organizados
de tal manera que los hombres son quienes detentan el poder y las mujeres son
subordinadas. Vistas así las cosas,
el machismo no sólo estaría sustentado por varones (y no por todos ellos) sino
también por mujeres. Es decir, por todas las personas que aceptan las creencias
de la ideologia patriarcal. Muchas mujeres, socializadas en culturas
patriarcales, consideran natural la diferenciación de roles que asigna a los
hombres el papel de proveedores involucrados en el ámbito público y que las
relega a ellas al de protectoras y responsables del espacio privado. Son
partícipes de esta creencia y la reproducen en su quehacer diario como
trabajadoras asalariadas o madres de familia y en sus discursos. Algunos
hombres han cuestionado estas premisas, sienten que se trata de una práctica
discriminatoria y no comparten la ideología.
Una tarea difícil, pero necesaria, parece ser aquí
la de distinguir el concepto de machismo de otros afines. De especial
relevancia nos parece la distinción que hace Victoria Sau en su Diccionario
Ideológico feminista (2000) entre machismo y sexismo. Para esta autora, “el
machismo lo constituyen aquellos actos, físicos o verbales, por medio de los
cuales se manifiesta de forma vulgar y poco apropiada el sexismo
subyacente en la estructura social. En el terreno sexual, por ejemplo, estos
actos pueden ir desde el piropo hasta la violación, según los individuos. El machista
generalmente actúa como tal sin que, en cambio, sea capaz de
<<explicar>> o dar cuenta de la razón interna de sus actos. Se
limita a poner en práctica de un modo grosero (grosso modo) aquello que
el sexismo de la cultura a la que pertenece por nacionalidad y condición social
le brinda”. En relación al patriarcado, tendríamos que definirlo como el
imaginario social, el conjunto de “verdades rectoras” del S. s./g que contiene
estos tres subsistemas (patriarcado,
sexismo y machismo). De modo gráfico, esto podría representarse de la siguiente
manera:
Patriarcado

Sexismo
S.
s./g.
Machismo
Por otro lado, el patriarcado con todas sus
manifestaciones está sustentado por una ideología y se manifiesta a través de
prácticas sociales como la relegación de las mujeres al ámbito privado, la
discriminación salarial, la violencia conyugal y variadas formas de
discriminación y dominio. Otra práctica social relevante en la que ahondaremos
más adelante es el discurso.
Centrémonos ahora en la ideología patriarcal que
sustenta el machismo. Definir la ideología resulta muy complejo. Es por esto
que hay múltiples definiciones diferentes. La mayor parte de ellas -pero no
todas como veremos más adelante- coinciden en pensar que ideologías son algo
que “tienen otras personas” y que se relaciona con creencias falsas (Eagleton
1991).
Podemos entender el comportamiento machista como
alimentado por una ideología si se entiende por ella "la base de las
representaciones sociales compartidas por un grupo" (Van Dijk 1999:
23). El grupo al que nos referimos, está
entonces constituido por quienes comparten las creencia patriarcales del S.
s./g. Sin embargo, dado que he considerado el machismo como una manifestación
práctica y concreta del sistema, postulo
que en él son más evidentes las emociones que de ideología (la relación entre
machismo y emociones aparece tratada en otro artículo en esta misma página
web).
De acuerdo a Coddeta (1990) una ideología cumple
funciones en tres niveles, a saber, el cognoscitivo (puesto que simplifica la
realidad para facilitar así su interpretación), el afectivo (ofreciendo apoyo y
elementos de comprensión en situaciones de crisis) y normativo (orientando el comportamiento político).
Esto explica, también, que las ideologías sean tan difíciles de deconstruir
puesto que producen una sensación de seguridad y marco de acción conocido.
La ideología, según Eagleton (1991) se relaciona
con la legitimación del poder de un grupo social dominante. Este proceso de
legitimación involucra, por lo menos, seis estrategias: un poder dominante
puede legitimarse promoviendo creencias y valores que le son convenientes;
naturalizando y universalizando tales creencias para hacerlas aparecer como
autoevidentes y aparentemente inevitables;
denigrando las ideas que lo desafían; excluyendo formas rivales de
pensamiento tal vez de forma tácita, pero sistemáticamente lógica;
obscureciendo la realidad social de maneras convenientes para sí mismo. Estas seis
estrategias interactuan de maneras complejas. Sin embargo, otros autores (van
Dijk 1999) difieren en depositar las ideologías exclusivamente en los grupos
dominantes y reconocen como ideológicas las organizaciones de las minorías para
resistir a los grupos dominantes. Así, las ideas feministas también constituyen
una ideología: una ideología de resistencia. Por esta misma razón, van Dijk no
considera que las ideologías se relacionen con creencias falsas, ya que dos posiciones opuestas –de las que se
debiera pensar que una es falsa y otra verdadera a luz de la lógica- pueden ser
consideradas ideológicas sin que se desprenda de esto una evaluación negativa.
La ideología patriarcal contiene en ciertas
creencias que vamos a enumerar, al menos someramente:
-
Los
hombres son racionales mientras que las mujeres son emocionales.
-
Los
hombres están más capacitados para la vida pública y las mujeres más dotadas
para la vida afectiva y privada.
-
Los
hombres son más activos y las mujeres más pasivas.
-
Los
hombres son más agresivos y las mujeres más pacíficas.
-
Los
hombres tienen grandes necesidades sexuales mientras que las mujeres tienen
poco o nulo apetito sexual (las mujeres aman, no desean).
-
Los
hombres son físicamente fuertes mientras las mujeres son débiles.
-
Los
hombres son ambiciosos; las mujeres, conformistas.
-
Los
hombres son egoístas mientras que las mujeres son abnegadas y sacrificadas.
-
Los
hombres son psicológicamente fuertes y las mujeres, vulnerables.
-
Los
hombres son dominantes y las mujeres son sumisas.
-
Los
hombres son independientes; las mujeres, dependientes.
Estas y otras creencias se manifiestan y reproducen
en las prácticas sociales llamadas sexistas (si son institucionales) o
machistas (si son (inter)personales) de las que hablamos, ya sea mediante
acciones o bien, mediante discursos que buscan mantenerlas estables e
incuestionables.
¿Cómo se manifiesta la ideología patriarcal en el
discurso machista? Es poco probable que un hombre (o una mujer) declare
abiertamente ser machista y, en consecuencia, produzca un discurso orientado a
perpetuar la ideología. Sin embargo, sí se hace de manera encubierta o,
incluso, de modo inconsciente.
Como
lo manifiesta van Dijk (1999) entre las prácticas sociales basadas en la
ideología, los discursos juegan un rol central, aún cuando no sean las únicas.
Los miembros de un grupo requieren de la comunicación para que una ideología nazca, crezca y se
reproduzca.
Parker (1992) dice que el Discurso está formado por
un sistema de oraciones y declaraciones que construyen objetos. De acuerdo al
análisis de este autor, un discurso podría identificarse mediante diez puntos.
No destacaremos los diez puntos puesto que esto carece de interés aquí, sin
embargo, entre los criterios para el análisis del discurso me parece interesante
destacar los últimos tres que Parker (1992) llama criterios auxiliares; se
centran en instituciones, poder e ideología:
-
Los Discursos soportan instituciones. Una práctica discursiva puede ser aquella
que reproduce instituciones entre otras cosas. Un analista puede:
Identificar
las instituciones que son reforzadas cuando este o aquel discurso es usado.
Identificar
instituciones que son atacadas o
subvertidas cuando este o aquel discurso aparece.
- Los Discursos reproducen relaciones de poder.
Se puede hablar de discurso y poder al mismo tiempo. En este caso, el analista
puede:
Observar
qué categorías de personas se pierden o ganan con el uso del discurso.
Observar
a quienes desea promover y quien podría querer disolver el discurso.
-
Los Discursos tienen efectos ideológicos.
Sin
embargo el análisis del discurso no siempre está relacionado con la ideología.
La ideología en este caso es vista como una descripción de relaciones y
efectos, y la categoría podría ser empleada para describir relaciones en un
momento y periodo histórico particular. En este caso, el analista debiera:
Mostrar
cómo un discurso se conecta con otros discursos que sancionan la opresión.
Mostrar
cómo el discurso tiene en cuenta los grupos dominantes para hablar de sus narrativas
acerca del pasado con el ánimo de justificar el presente y prevenir aquellos
que usan discursos subyugados en la construcción de historia.
Si
bien estas propiedades del discurso no, necesariamente, se aplican a todos, sí
se aplican al discurso machista.
El
discurso, en sus diferentes niveles, manifiesta las ideologías por medio de sus
estructuras. Algunas de ellas (van Dijk 1996) son las siguientes:
-
Estructuras
fonológicas (tensión, picos, volumen, entonación).
-
Estructuras
gráficas (encabezados, caracteres en negritas).
-
El
ordenamiento y el tamaño generales (primero y después, más alto y más bajo, más
grande o más pequeño, preponderancia e inferioridad).
-
Estructuras
sintácticas (el orden de las palabras, la topicalización, las relaciones de cláusulas:
principal y subordinada, frontal o encastrada; construcciones divididas).
-
Estructuras
semánticas (explícito vs. implícito, detalle y nivel de descripción,
macroestructuras semánticas vs. detalles).
-
Estilo
léxico (palabras de opinión negativa vs. positivas)
-
Retórica
(sobre y subestimación, eufemismo, lítotes, repetición).
-
Esquemas
o superestructuras (expresadas -o no- en categorías convencionales prominentes,
por ejemplo, encabezados o conclusión, relato y argumentación).
-
Pragmática
(aserción contra negación, autocomplacencia vs. acusación).
-
Interactiva
(tomar su turno: autoselección y predominancia; mantenimiento y cambio de
tópicos; comunicación no verbal: rostro y gestos).
Estas
estructuras cumplen dos funciones: la de expresar las ideologías subyacentes
por una parte, y por otra, persuadir.
La
estrategia global que organiza esas estructuras del discurso ideológico es la presentación positiva del
intragrupo y la presentación negativa del exogrupo. Esto suele hacerse
sutilmente, más que directamente y se manifiesta en "una jugada
semántica" (semantic move) o deslizamientos semántico (en la
interpretación de Pérez y Zullo, 1999) (disclaimer) como negación aparente,
énfasis del contraste, explicaciones, ejemplos,
concesiones aparentes, invocación de credibilidad, etc. evidentes en
oraciones como “no soy machista, pero…”, “creo que las mujeres tienen los
mismos derechos que lo hombres, pero…”.
La
categoría central que podemos reconocer en un discurso ideológico es la de un
"nosotros" opuesto a un "ellos", en que el intragrupo se
presenta con todas las características positivas y el exogrupo con las
negativas. En el caso que nos ocupa más que pensar en una representación
positiva de los hombres contra una negativa de las mujeres debemos pensar en
una representación positiva de "nosotros" los machistas (por
supuesto, nunca autodefinidos con esta palabra) sean estos hombres o mujeres,
contra la representación negativa y amenazante de "ellas", las
feministas. El/la machista no es "antimujer", puede, incluso,
destacar aspectos positivos de las mujeres y ve en ellas aliadas contra el
grupo opuesto que está dado por las feministas y los que quieren un cambio en
la situación social de las mujeres.
La
perspectiva de género
Un
proposición central de la ideología patriarcal es que las diferencias de roles
entre hombres y mujeres son dadas por la naturaleza o bien son de inspiración
divina. Muchas veces, esta es la forma en que se justifica la mantención del
estado de cosas y de la desigualdad de derechos entre hombres y mujeres. De acuerdo a Burin (1996), y a Hernández (1998) los modos de sentir,
pensar y comportarse de hombres y mujeres no tienen una base natural e
invariable, sino que se apoyan en construcciones sociales basadas en
características culturales y psicológicas asignadas de manera diferenciada a
cada categoría. Así, "el género se define como la red de creencias, rasgos
de personalidad, actitudes, sentimientos, valores, conductas y actividades que
diferencian a mujeres y varones." (Burin, 1996). De acuerdo a la misma
autora se ha producido en los países occidentales la puesta en marcha de
dispositivos de poder materiales y simbólicos con el inicio de
El análisis
de los textos
(Los textos completos se presentan en un
apéndice al final de este artículo)
Feminismo y delincuencia
juvenil
En
este texto la ideología patriarcal no queda expresada de manera explícita en ningún
momento. Sin embargo, la tesis central es que existe una relación causal entre
feminismo y la degradación de la juventud.
La
presentación positiva de sí de la autora se hace patente en un disclaimer al
manifestarse comprensiva, argumentando que si bien, muchas madres tienen que
trabajar fuera de la casa, esto es muy distinto de considerar beneficiosa esta
situación. Por otra parte, para mantener la autoimagen, se representa como
víctima de la agresividad feminista que
le impide disentir. Por último, se presenta como interesada por la salud
social, lo cual la ha impulsado a escribir el artículo.
Para
presentar negativamente a las "otras", las feministas, es interesante
también, notar como se usa la palabra ideología en su acepción más negativa,
como si las ideologías fueran siempre caminos falsos y las exposiciones de los
propios puntos de vista no fueran ideología sino "verdad". En este
sentido, acusa a las feministas de ideológicas:
"Esta
ideología se ha extendido con tal
agresividad…"
"…la
relación, a mi juicio evidente, entre esa ideología
que promueve la aversión al hogar y la deserción del mismo…"
"…
una ideología que pretende
representar los intereses de la mujer…"
(las
cursivas son mías)
Las
acusa también de ser agresivas (y por lo tanto de carecer de la femineidad que
implica que las mujeres no son agresivas) al decir que su ideología se ha
extendido con agresividad y al decir que "
Más
adelante aparece la idea de la falta de honestidad por cuanto han inventado un
mito (el de la superwoman, que demás está decir que no es un mito inventado por
las feministas) y al decir que "se habla menos" (es decir se oculta)
la relación entre feminismo y delincuencia juvenil.
Como
recursos retóricos utiliza la pregunta retórica "¿Es este un beneficio
real?" y la ironía al presentar trabajos rutinarios vs. educación de los
hijos como si la primera actividad liberara y la segunda esclavizara (desde la
supuesta perspectiva feminista).
La
autora utiliza el recurso del discurso de la autoridad (o evidencialidad) para
introducir su texto con datos estadísticos que muestran que la gente ha sido
influida por la ideología feminista al manifestar que el 70% de los españoles
considera beneficiosa la guardería. Dos veces más, utiliza la palabra evidente
para justificar sus apreciaciones.
Desde
el punto de vista léxico hay varias manifestaciones interesantes:
"muchas
madres tienen que trabajar fuera de
casa" para destacar que esto sólo debe hacerse cuando es necesario por
razones de economía familiar, pero no como una vía de desarrollo personal. De
ser así, el verbo sería "querer" y no "tener que".
"la
guardería les sirve entonces de sucedáneo
inevitable" para indicar que es una forma de reemplazo de la madre y
no una institución buena en sí misma en cuanto permite la interacción con otros
menores y la socialización más adecuada.
"…
promueve la aversión al hogar y la deserción del mismo, y la degradación tan extendida…" todas
palabras con una carga semántica muy negativa para asociar con el feminismo.
"una
ideología que pretende representar
los intereses de la mujer" se asocia nuevamente a la falta de honestidad
o, por lo menos, a la confusión en que se encuentran las feminsitas que no
logran representar lo que intentan.
Gráficamente
se destacan las itálicas utilizadas para destacar palabras como pertenecientes
a otros (las feministas) y no a la autora.
Finalmente,
cabe destacar la omisión de la presentación de los hombres como padres que no
parecen tener nada que ver con la educación de los hijos.
La mujer: parte
imprescindible de la sociedad
En
este texto encontramos una proposición ideológica explícita: cada sexo tiene un
rol principal y uno secundario. El rol principal de la mujer sería la "tan
noble tarea de crianza y educación de
los hijos, la formación de la familia, célula básica de la sociedad, y la
dedicación sacrificada a esta"
(las cursivas son mías). El rol principal del hombre sería "el poder político,
institucional y económico"
Aparecen
aquí dos disclaimers: el reconocimiento de que la sociedad tiene "un fondo
machista muy grande", pero que no puede ser combatido con un
"feminismo extremo" y posteriormente el hecho de que los roles
sexuales no son exclusivos (por lo tanto es deseable -y a veces, necesario-- que las mujeres trabajen asalariadamente así
como que el varón participe de la crianza de los hijos), pero que hay un rol principal y uno secundario
para cada sexo.
El
autor, Santiago Riobó, caracteriza
negativamente al feminismo por medio de un recurso retórico, una metáfora que
compara el machismo con la obesidad y el feminismo con la desnutrición,
poniéndolo así también en una situación extrema.
Desde
el punto de vista léxico el texto es rico en palabras que intentan demostrar
que el feminismo es el movimiento polar al machismo, por el cual, las mujeres
se proponen dominar a los hombres (sin caer en cuenta de que lo polar al
machismo sería una suerte de "hembrismo" -que podríamos suponer como
la situación de la mujer por sobre el hombre- y lo complementario al
feminismo sería algo así como un
"masculinismo" -que podríamos entender como una situación en que los
hombres tienen derecho a desarrollarse integralmente). Algunas palabras que el
autor usa para dar esta impresión de enfrentamiento de fuerzas (machismo vs.
feminismo) son: desequilibrio insostenible, dominación (dominar), competencia
encarnizada, guerra de los sexos, lucha sin sentido.
Es
interesante, también, como intenta presentar la creencia patriarcal,
ideológica, de que las mujeres tienen como rol principal la educación de los
hijos por medio de palabras como "noble
tarea" o "dedicación sacrificada".
De esta manera se produce el efecto de dar valor a la tarea encomendada.
Hacia un verdadero
feminismo
En
este texto, la proposición ideológica explícita es que la mujer tiene dos
vocaciones naturales: ser madre y ser esposa y que otras actividades que realice
en la esfera social deben estar relacionadas con ellas y sus supuestas
"capacidades naturales". Esto implica la desvalorización de la situación de las mujeres que optan por
formas de vida alejadas de estas "vocaciones naturales" y que deciden
no casarse, ni tener hijos, ni trabajar en áreas que se relacionen con la
educación y el servicio.
El
autor presenta también, de modo más encubierto, y como parte de la ideología conservadora en
que podemos integrar el machismo, una
posición contraria al aborto cuando dice que ser madre es, entre otras cosas,
"llevar con cierta abnegación las molestias de un embarazo, en algunos
casos no deseado."; "el aborto, la prostitución y la pornografía son
sólo algunos ejemplos de cómo nuestra cultura hedonista ha convertido a la
mujer en un objeto de placer.";
"con la conciencia cargada de millones y millones de
abortos.".
El
texto está estructurado de manera que se presentan varias concesiones
aparentes. Para presentarse como un sujeto que valora a las mujeres, el autor
reconoce la importancia de estas en la sociedad y cita varios ejemplos de
mujeres destacadas, luego, sin embargo, centra las actividades principales de
las mujeres en la maternidad y su calidad de esposa.
Más
adelante, utiliza el mismo "move" de concesión aparente para
reconocer que ser madre conlleva ciertas tareas difíciles, pero -enfatiza- la
maternidad no se restringe sólo a esto sino que presenta características de
trascendencia.
De
igual modo sucede con la función de esposa, en que reconoce, primero, las
tareas rutinarias de dicha actividad, pero luego se centra -con un estilo
retórico más elaborado- en su importancia trascendente.
Los
ejemplos le sirven para fundamentar sus argumentos y cita a mujeres reconocidas
del último siglo. El ejemplo destacado de Teresa de Calcuta nos lleva a
concluir que el sacrificio y "dedicar la vida al servicio de los
demás" son actividades privilegiadas para las mujeres.
Se
puede observar una contradicción al citar a mujeres famosas, sin que ninguna de
ellas lo haya sido por su calidad de madre o esposa.
La
presencia de metáforas (vida de un hombre = libro; vida humana = teatro)
permite al autor dar una calidad de trascendencia a las tareas que él considera
privilegiadas para la mujer homologándolas no a tareas rutinarias sino a
actividades que permanecen el tiempo (como escribir un libro o una obra de
teatro).
El
autor destaca cualidades naturalizadas como propias de la mujer:
Alocéntrica,
posee un conocimiento intuitivo y una delicada sensibilidad, capacidad de compresión, tenacidad,
constancia, abnegación, capacidad de sufrimiento.
Finalmente
aparece la deslegitimación de "ellas" (las feministas) sin mencionarlas directamente, diciendo que
han "varonizado" a la mujer y la han alejado de sus "vocaciones
naturales". Se asocian con el movimiento,
el aborto, la prostitución y la pornografía (estas dos últimas,
actividades que han dado lugar a amplias discusiones en los feminismos).
Una
nueva concesión aparece al reconocer como legítima la defensa de los derechos
de la mujer, pero centrarla en la recuperación de su "verdadera
identidad" (patriarcalmente femenina) y se refuerza la idea de que las
mujeres son quienes tienen a su cargo la educación (y redención) de la
humanidad.
Es
interesante destacar cómo el texto omite referirse a los hombres como
poseedores de las "vocaciones naturales" de padre y esposo y deja la
responsabilidad de la formación de la humanidad en manos de las mujeres.
Machista o machisto
Se
trata de un texto que utiliza preferentemente el recurso retórico de la ironía
(aunque también tiene formas de desprecio explícitas) para cuestionar los
esfuerzos por el uso no sexista del lenguaje:
" Seguro que a estas altura
las "lectoras", (salvo doctas excepciones), ya estarán pensando que
soy un machista. Pues no. Protesto. Exijo que se haga la correspondiente
diferenciación de sexos y que se me llame, en cualquier caso, machisto."
" (…) voy a tener que hacer un llamamiento
público a Sus Señorías ¡vaya!, no había pensado yo en esta ambivalencia, ¡habrá
que empezar por ella!, para que se dicte una Ley por la cual a partir de su
promulgación a Sus Señorías masculinos se les llame "Sus Señoríos" y
se reserve lo de Su Señoría para las féminas."
De este modo, se presenta a las feministas de
manera abiertamente negativa diciendo que son estúpidas, que no poseen méritos
para demostrar su valía, que tienen poca autoestima.
Desde el punto de vista léxico, el texto está
cargado de palabras negativas para referirse a este cambio e el uso del
lenguaje: snobismo, estupidez feminista, estúpidas alteraciones, escandalosa
memez, etc.
Finalmente se recurre a una cita (de Einstein sobre
cuyo machismo se ha hablado bastante) para validar sus opiniones acerca de lo
estúpido que le parecen estos cambios en el lenguaje que operan para hacerlo
más igualitario. Se trata, entonces, como ya hemos visto, de un argumento de
autoridad o evidencialidad.
Del machismo
feminista
Ya a partir del título este texto nos habla de la
dominación de las mujeres (especialmente de las feministas) sobre los hombres
que serían víctimas de esta situación.
Se representa a las feministas como mujeres que
actúan basadas en la emoción y fuera de la razón. Se las ridiculiza diciendo que sus actos son
más emocionales que racionales al punto en que llegan a ser risibles (son
además arbitrarias). Las feministas están ciegas por la emoción de haber
"descubierto" (no ganado) su independencia y autonomía. Se utilizan
diminutivos ("hermosas cabecitas") para desvalorizar a las mujeres.
Para
justificar lo que el autor dice se vale de un ejemplo: una discusión entre él
mismo y una amiga acerca de la infidelidad de la princesa Diana y del príncipe
Carlos. Se construye la situación de
muerte de la princesa dentro un marco negativo situándola con su
"amante" a altas horas de la noche y a gran velocidad en su automóvil
de modo que queda definido muy lejos de las conductas típicamente femeninas que
esta sociedad acepta.
Para
ejemplificar la emotividad que dirige la vida de las feministas, explica que él
no pudo terminar su argumentación (es decir, su juicio basado en la razón)
cuando se vio interrumpido por el arranque pasional de su interlocutora.
Expone,
entonces su calidad de víctima ante tal falta de consideración y se manifiesta
positivamente como racional, dulce y tierno (aunque en guerra si atendemos al
adjetivo “vencido”):
" Entonces, regañado, cabizbajo y un tanto deprimido pero aún no
vencido, y como para intentar librarme de semejante condena, o insulto, o
estigma, y queriendo extenderle un puente de cordialidad razonada que no fuera
a dejarme sin su grata compañía por el resto de mis días, le reflexioné tierna,
dulce y silbonamente al oído (…)"
Concluye
de esto que las feministas consideran al hombre infiel como machista y a la
mujer infiel como condenada por el machismo masculino. De este modo, los
hombres siguen siendo, a su juicio, víctimas del poder (puramente pasional y
sin argumentos racionales) de las feministas que pueden llegar a ser, incluso,
agresivas.
“Esto,
que lo escribo para mi Diario personal e íntimo, que es una reserva del
sumario, ¿podré sacarlo a la luz pública, por ejemplo, en una columna
periodística, sin quedar expuesta y en peligro mi integridad personal?
¿Sin que la lectora "desprevenida o reflexiva o ecuánime" me grite
"machista" y me odie y me condene para siempre?
¿Sin que me saque los ojos?
¿Sin que me arañe?... "
Conclusiones
A través de los cinco textos analizados, espero
haber podido demostrar cómo, al finalizar el siglo veinte y en un entorno tan
moderno como la red computacional, circulan discursos que intentan mantener el
estado de cosas dominante en la sociedad actual, esto es, la discriminación de
los sexos que desavaloriza a las mujeres reconociendo para ellas sólo las
características tradicionalmente consideradas femeninas y las sitúa
jerárquicamente por debajo de los hombres. Se hace evidente que hay una fuerte
resistencia contra el movimiento feminista descalificándolo como proveniente de
mujeres irracionales y pasionales que pretenden destruir la familia y subyugar
a los hombres.
Para llevar a cabo esta empresa se utilizan
diversas estrategias discursivas; principalmente la presentación de sí como
comprensivo/a, tolerante y moderno/a y la de "ellas" (las feministas)
como ideologizadas, fanatizadas e irracionales extremas. Esto se manifiesta
tanto en disclaimers como en el uso de estructuras retóricas, léxico
específico, diminutivos, evidencialidad y omisión de información que podría
llevar a un texto más equilibrado.
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y ciencia social. (pp.79-91) Buenos Aires: Ed. Universitaria
Real Academia Española (1992) : Diccionario de
Sau, Victoria (2000) :Diccionario Ideológico
feminista, Ed. Icaria, Barcelona.
Tannen, D. (1996) :
La comunicación entre hombres y mujeres a la hora del trabajo. Buenos Aires. Vergara
Van Dijk,
Teun (1996) :Análisis
del discurso ideológico en "Versión. Estudios de Comunicación y
Política", Nº 6, octubre, Universidad Autónoma Metropolitana - Xochimilco, México
Van dijk,
Teun (1999) :
Ideología. Una aproximación multidisciplinaria, Ed. Gedisa, Barcelona.
Apéndice: Textos originales
FEMINISMO Y DELINCUENCIA JUVENIL
Leo que según una
encuesta casi el 70 % de los españoles cree beneficioso que sus hijos pequeños
vayan a guarderías. Naturalmente, muchas madres tienen que trabajar fuera de
casa y la guardería les sirve entonces de sucedáneo inevitable. Pero esto es
una cosa y otra muy distinta que muchas madres consideren beneficioso el que
sean extraños y no ellas quienes se ocupen de criar a sus hijos. ¿Es este un
beneficio real?.
Se ha impuesto machaconamente la idea de que es mejor para la mujer emplear su
tiempo principal en una cadena de montaje, o rellenando formularios en una oficina
o haciendo de guardia de la porra, que cuidando de sus hijos y su casa. Por lo
visto, lo primero la libera y lo segundo la esclaviza. Esta ideología se ha
extendido con tal agresividad que un verdadero tabú impide expresar opiniones
contrarias. El ama de casa, la maruja, es tratada con irrisión y desprecio,
velado unas veces, desvergonzado otras. De paso se ha inventado el mito de la
superwoman, generalmente mujer de negocios exitosa que también atiende y educa,
no menos exitosamente a sus hijos. Un camelo, claro.
En cambio se habla menos de la relación, a mi juicio evidente, entre esa
ideología que promueve la aversión al hogar y la deserción del mismo, y la
degradación tan extendida entre buena parte de la juventud, con manifestaciones
evidentes como la droga, el alcoholismo, la delincuencia y otras menos
palpables, pero que forman ese pesado ambiente de desmotivación, trivialidad y
macarrería en que viven hoy tantos jóvenes.
Seria bueno, a mi juicio, que los tabúes impuestos por una ideología que pretende
representar los intereses de la mujer, empezaran a romperse, exponiéndose sus
consecuencias y cuestionándose sus premisas. Creo que la salud social lo exige.
Maria Dolores Toval Leon
En estos últimos días hemos escuchado hablar mucho sobre “
-Machismo v.s. Feminismo
Debemos reconocer que nuestra sociedad tiene un fondo machista muy grande. Pero
es increíble como se intenta revertir esta situación con un feminismo extremo,
que no hace otra cosa que dañar a la sociedad misma y a la mujer insertada en
ella, ya que se crea un desequilibrio insostenible que inevitablemente lleva a
un choque entre estas dos posturas; es como, por ejemplo, querer solucionar la
obesidad promoviendo la desnutrición, y lógicamente no hay organismo que
aguante; exactamente lo mismo pasa en la sociedad. Ciertamente, “todos los
extremos son malos”.
Tenemos que saber encontrar un punto medio, ya que ni el varón, ni la mujer
tiene derecho, ni debe dominar al otro, sino que, por el contrario deben
complementarse mutuamente para que de ese modo, juntos, trabajen en la
construcción de una sociedad mejor.
No se trata de una competencia encarnizada para ver “¿Quién puede más?”, ni
mucho menos de, como se ha llegado a decir, una “Guerra de los sexos”, estos
hechos, como ya hemos dicho, sólo detienen y dificultan el progreso.
-Un rol en la sociedad.
El punto principal, y a mi juicio la raíz de esta lucha sin sentido, es un
asunto común a los dos sexos, propio del ser humano, es el otorgarle al poder
político, institucional y económico el grado máximo de importancia poniendo en
un segundo lugar y discriminatorio la tan noble tarea de la crianza y educación
de los hijos, la formación de la familia, célula básica de la sociedad, y la
dedicación sacrificada a ésta.
Sin darnos cuenta que tanto lo primero como lo segundo son dos formas claras,
distintas y complementarias de servicio a la comunidad y a la familia.
Cada sexo tiene características propias que lo hacen adaptarse a tomar
determinados roles en la sociedad, lo cual no significa que le sean exclusivos,
ya que también es imprescindible que la mujer participe del poder y de las
decisiones y que trabaje (a veces esto es necesario económicamente); y que el
varón participe activamente en la educación de sus hijos y la formación de la
familia. Esto es bueno y necesario pero un error común puede ser el de no saber
distinguir cual es el rol principal y cual el secundario en cada sexo.
Santiago Eduardo Riobó
HACIA UN
VERDADERO FEMINISMO
La mujer tiene
mucho que ofrecer a nuestro mundo.
Sin dudar, la mujer en este siglo ha contribuido de manera notable al progreso
de la humanidad. Ejemplos como María Montessori en el campo pedagógico, Marie
Curie en el científico, Gabriela Mistral y Rosalía de Castro en el mundo de las
artes, y dentro de la política tenemos ejemplos como el de Indira Gandhi
(India), Golda Meir (Israel), Corazón Aquino (Filipinas), Violeta Barrios de
Chamorro (Nicaragua). Y no olvidemos a esa gran mujer de nuestro siglos que
dedicara su vida al servicio de los demás: Teresa de Calcuta.
La mujer tiene mucho que ofrecer a nuestro mundo. Su perfil tan rico se emboza
en sus dos vocaciones naturales que la capacitan para ejercer innumerables
funciones en la sociedad: ser madre y esposa.
Las dos vocaciones
Mujer madre.
Ser madre no es sólo cambiar pañales, sufrir los dolores de un parto, llevar
con cierta abnegación las molestias de un embarazo, en algunos casos no
deseado. Esta es una visión reductiva de la maternidad.
Ser madre significa sobre todo estar llamada a ser el origen de la vida humana,
ser punto de partida de una existencia. Es convertirse en el prólogo,
introducción o primer capítulo de la vida de un hombre.
El seno materno es el inicio de una historia, de una biografía. Es por lo tanto
el escenario de los primeros actos del drama de la existencia humana.
Pero la maternidad no es sólo concebir la vida humana, sino sustentarla y
acompañarla en los primeros años de vida. Esto convierte a la mujer en
educadora del hombre y de la humanidad. La transmisión de valores, la formación
de la conciencia, la educación ética y religiosa han dependido durante siglos
de la mujer.
Mujer esposa
Ser esposa no es lavar platos, ir de compras, limpiar la casa, aguantar los
lloriqueos de los niños únicamente. Ésta, una vez más, es una visión
distorsionada.
Es más acertado considerarla como una compañera del hombre. Alguien con quien
compartir los momentos de gozo y los sufrimientos que la vida trae.
En la vocación de la mujer como esposa se realiza de una manera especial la
vocación natural de todo hombre, varón y mujer, a entregarse a los demás. En
cierta manera enseña al varón y le ayuda a que él sea también fiel a este
llamado.
Como se puede apreciar, el amor es el denominador común de ambas vocaciones.
Para cumplir su misión de madre y esposa la mujer está dotada tanto física como
psicológicamente de una serie de cualidades.
Ella es ante todo alocéntrica, es decir, coloca el centro de su existencia
fuera de sí y su vida cobra de manera espontánea sentido haciéndose don para
los demás.
La mujer posee un conocimiento intuitivo y una delicada sensibilidad, que le
permiten relacionarse con el mundo y con las personas de modo directo y
profundo. Esto último acrecienta en ella su capacidad de compresión.
Hay otras cualidades como por ejemplo la tenacidad y la constancia, la
abnegación, su capacidad de sufrimiento que terminan de enriquecer este perfil
tan valioso.
La mujer en la actualidad
En las últimas
décadas se ha intentado redefinir a la mujer buscando su lugar y misión en la
sociedad. Esta aspiración no ha logrado realizarse plenamente.
Basta recordar a quienes defendiendo la igualdad de derechos entre el hombre y
la mujer, no supieron distinguir la diversidad inherente en cada uno de ellos y
se dedicaron a proponer una “varonización” del sexo femenino.
Algunas mujeres adoptaron costumbres masculinas en su comportamiento social, en
su manera de vestir y de hablar. Con el tiempo se ha visto lo inadecuado de tal
ensayo.
Pero lo más grave han sido las acciones directamente dirigidas contra las dos
vocaciones naturales de la mujer.
El aborto, la prostitución y la pornografía son tan sólo algunos ejemplos de
cómo nuestra cultura hedonista ha convertido a la mujer en un objeto de placer.
En esa búsqueda por redefinir el papel de la mujer, se ha caído en criterios
lejanos al respeto a su dignidad como persona humana.
La mujer en la sociedad.
En esta búsqueda legítima por defender los derechos de la mujer, por abrirle
más espacios en el mundo social y profesional vale la pena volver a las dos
vocaciones naturales de la mujer, para que a partir de su verdadera identidad
encuentre su lugar en la sociedad actual.
Su misión de esposa y madre la capacitan para ejercer innumerables funciones en
la sociedad, como el de ser educadora, donde encuentra un lugar privilegiado de
acción en las escuelas, institutos y universidades.
Su mente intuitiva, su constancia y tenacidad la hacen apta para la
investigación científica. Y qué decir del mundo de las artes donde se puede
hacer evidente su genio creativo.
Indudablemente hay una misión concreta que la mujer de hoy debe realizar. Ante
un mundo saturado de conflictos bélicos, con la conciencia cargada de millones
y millones de abortos cometidos, donde parecen prevalecer los valores de un
cultura de muerte, la mujer debe reconciliar al hombre con la vida.
Rafael Fallos
MACHISTA O
MACHISTO
Desde siempre
(habría que recurrir a los filólogos para saber exactamente desde cuando), se
ha usado en España, perdón, en este país antes llamado España, el vocablo juez
indistintamente para referirse tanto a un hombre como a una mujer.
Pero últimamente,
no se si por snobismo o pura estupidez feminista, se ha puesto de moda el uso
del vocablo "jueza", para "aclarar" la diferencia entre el
juez masculino y el femenino.
Si las feministas
no poseen otros méritos para demostrar su valía, que recurrir a estas estúpidas
alteraciones lingüísticas o contentarse con "pedir" una cuota de
participación en los órganos de gobierno, lo siento por ellas ¡demuestran tener
poca autoestima!. Los merecimiento se alcanzan, no se piden. No basta saber lo
que hay que hacer, también hay que saber como hacerlo.
Seguro que a estas
altura las "lectoras", (salvo doctas excepciones), ya estarán
pensando que soy un machista. Pues no. Protesto. Exijo que se haga la
correspondiente diferenciación de sexos y que se me llame, en cualquier caso,
machisto.
Como no tengo el
gusto (o el disgusto, quien sabe) de conocer a quien me representa en las
Cortes, consecuencia de la partitocracia en que nos toca vivir, y que nos
venden a los ingenuos como pura democracia, voy a tener que hacer un
llamamiento público a Sus Señorías ¡vaya!, no había pensado yo en esta
ambivalencia, ¡habrá que empezar por ella!, para que se dicte una Ley por la
cual a partir de su promulgación a Sus Señorías masculinos se les llame
"Sus Señoríos" y se reserve lo de Su Señoría para la féminas.
Posiblemente a los
lectores esto les parecerá una escandalosa memez, y seguro que lo es y ¡no
pequeña!, pero no tanto como lo de juez/jueza, porque en este caso nos queda el
artículo para conocer si se refiere a un hombre a una mujer, lo que no ocurre
con el "su señoría" que no nos lo aclara.
Otra petición que
tengo que hacer públicamente a Sus Señorías/Señoríos, ya que no puedo hacerlo,
repito, a través de
Bien pensado creo
debería empezarse la reforma por
Einstein decía que
"Sólo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana",
pero debería haber añadido que la estupidez tiene sus ventajas: por ejemplo, la
de no saber cuando se ha sido estúpido, pues el Hombre está siempre dispuesto a
negar aquello que no comprende.
Juan Borrás (Gandia)
DEL MACHISMO
FEMINISTA
No deja de ser arbitraria, normalmente, y a veces simpática y risible,
excepcionalmente, la discusión que plantean cada vez con mayor ardor, con más
regularidad y con más pelos parados en sus hermosas cabecitas, las mujeres que
en nuestra época comenzaron el recorrido de la liberación femenina. Alteradas
por ello, excitadas, ciegas por la emoción que causa el descubrimiento de su
independencia, de su autosuficiencia, inmersas en las tinieblas de la ortodoxia
feminista, lo rebaten todo, absolutamente todo, en un afán desmedido por
afirmarse en su novedoso y delirante y exaltado status.
Recientemente, y a raíz de la muerte de la princesa Diana de Inglaterra, muerta
en compañía de su amante egipcio a las dos de la madrugada en un vehículo que
veloz atravesaba las calles de París, le anotaba yo a cierta muy apreciada
amiga mi extrañeza por la conducta reiterada de infidelidad que Lady D. exhibió
durante su vida. No habiendo terminado aún de exponer mis puntos de vista y
sustentar mi juicio, mi muy feminista interlocutora me espetó muerta de la ira
y al borde del colapso, como queriendo no abrirme los ojos sino sacármelos:
¡ Machista !
Entonces, regañado, cabizbajo y un tanto deprimido pero aún no vencido, y como
para intentar librarme de semejante condena, o insulto, o estigma, y queriendo
extenderle un puente de cordialidad razonada que no fuera a dejarme sin su
grata compañía por el resto de mis días, le reflexioné tierna, dulce y
silbonamente al oído:
Pero, claro, el príncipe Carlos también...
Y de nuevo me interrumpió, exasperada, con igual o mayor enfado:
¡ Claro, machista, tenías que ser !
No podía, en esta discusión moderna y tan de moda, sin dejar de ser
"machista", fustigar a una mujer por infiel; pero tampoco censurarme
a mí, y a los que conmigo han sido en este mundo tales, sin caer en el
recurrente y veleidoso machismo.
Palo porque bogas, y palo porque no bogas.
En conclusión, para mi amiga, la vocera universal de las mujeres de ahora y de
las que seguramente vendrán todavía más alborotadas y mejor sustentadas en el
próximo milenio, el hombre infiel lo es por machista y a la mujer infiel no
puede condenársela por ello, si no fuera por los ojos machistas del hombre.
Estando así las cosas y vista esta conducta de los seres humanos de tal manera
desde la óptica feminista, sólo nos queda a los hombres doblegarnos, callar y
esperar... Pero, eso sí, ir buscando en estos finales de siglo el refugio
bíblico de las copas más altas de los árboles más frondosos que nos permitan
sobrevivir medianamente en el siglo XXI.
Esto, que lo escribo para mi Diario personal e íntimo, que es una reserva del
sumario, ¿podré sacarlo a la luz pública, por ejemplo, en una columna
periodística, sin quedar expuesta y en peligro mi integridad personal?
¿Sin que la lectora "desprevenida o reflexiva o ecuánime" me grite
"machista" y me odie y me condene para siempre?
¿Sin que me saque los ojos?
¿Sin que me arañe?...
Germán Uribe.