Flavia
La princesa Lili era una
joven de largos cabellos negros y lacios, de tez color cobre y una oscura
mirada poblada de largas pestañas negras y cejas gruesas. Era la única hija de
los reyes y si bien no amaba al príncipe del país vecino, un atractivo joven,
aceptó los designios de su padre porque no pensó que pudiera hacer otra cosa.
Era una hija dulce y obediente aunque tenía ideas algo extrañas y trataba a los
esclavos como si fueran sus amigos: conversaba con ellos, en especial con una
mujer que llamaban “la bruja”, le gustaba cuidar de sus pequeños hijos y,
cuando nadie la veía, participaba en las labores de recoger frutos del huerto,
coser la ropa gastada de los esclavos, cocinar para la familia real y limpiar
los carruajes.
La
boda fue fastuosa y Lili estaba tranquila si bien tenía un poco de pena por
alejarse de sus amigos y su familia. La bruja le animó y le recordó que estaría
muy cerca. Además, dijo, el príncipe era hermoso aunque demasiado serio para su
edad, pero eso se justificaba porque su padre estaba viejo y enfermo y él tenía
muchas responsabilidades. Sin embargo durante los festejos de la boda que duraron
dos días y dos noches, Lili descubrió que su nuevo marido era muy agresivo,
trataba mal a todo el mundo, incluidos sus padres y los de ella, jamas sonreía;
lo descubrió azotando a un jovensísimo esclavo porque había tirado su vino
cuando debía servírselo. Lili tuvo miedo y sintió mucha ira. Ya no quería ser
la esposa de un hombre que jamás aceptaría su forma de ser, trataría de
cambiarla y a quien no podría querer.
Cuando todos los invitados se fueron y Lili debía subir a la alcoba
nupcial con su nuevo marido, escapó hacia el bosque y se escondió. Todos la
buscaron desesperados y temieron que algo malo le hubiera ocurrido. El príncipe
más que preocupado estaba fastidiado porque se había arruinado su noche de
bodas.
Todo
el pueblo lloró su muerte (pensaron que tal vez la había atacado un animal o
algún esclavo la habría asesinado) y sus padres estaban inconsolables. Sin
embargo, al poco tiempo, un cazador describió la hermosa mujer que había visto
vagando por el bosque y el príncipe supo en seguida que se trataba de Lili.
Mandó a sus esclavos a buscarla y en dos días la tenía de vuelta en palacio.
Como
castigo, el príncipe encerró a Lili en una torre donde apenas mandaba llevar
comida y agua y la visitó unas cuantas veces para obligarla a cumplir como su
esposa. Lili lloraba mucho e intentaba escapar, pero no pudo. Poco a poco el
príncipe la fue olvidando porque se puso flaca y fea y porque yacer con ella
era como hacerlo con una almohada; Lili ni siquiera respiraba. La madre de Lili
murió de pena y su padre consideró que el castigo era justo y no intercedió por
ella. Los demás, nunca supieron que ella había sido devuelta a palacio porque
sus padres prefirieron que pensaran que estaba muerta. Así de flaca como
estaba, pensó el príncipe, Lili nunca le daría herederos y puesto que todos
pensaban que ella estaba muerta, él se casó con otra mujer.
Una
día, Lili escuchó voces de mujeres muy a lo lejos y asomó, como pudo, su cabeza
por el estrecho hueco de la torre. Abajo
pasaban la bruja y otras mujeres camino de un pueblo cercano donde las había
enviado su padre a hacer algunos encargos. Lili nunca supo si eso fue casual o
su padre quiso tenderle una mano en silencio. Gritó fuerte y asomó su largo
cabello negro por la ventanilla y, no sin cierta dificultad, la bruja logró
reconocerla. Estaban todas muy contentas, pero vieron que se acercaba un
esclavo del princípe (que ya era rey) y tuvieron que alejarse.
En
adelante, cada día la bruja pasaba bajo la torre, llevaba fruta fresca y
contaba a Lili sobre las cosas que ocurrían en su antigua familia; su padre
estaba a punto de morir, tal o cual esclava acababa de parir, la helada los
había dejado sin frutas, etc.
Lili
estaba muy desesperada, aún cuando ya casi había asumido su destino y, al
menos, le agradecía a la vida que el rey ya no la visitara. La bruja organizó a
varias mujeres y juntas hicieron una escala humana y con picos agrandaron la
ventana por la que Lili se asomaba con difcultad y le ayudaron a escapar. Le
llevaron ropas limpias, algo de comida y un caballo y Lili escapó muy lejos
pensando que esta vez al rey ya no le importaría. Sin embargo, años más tarde
hubo de importarle, puesto que cuentan las gentes del pueblo que Lili vivó en
una casa en el bosque cuidando animales, recibiendo la visita de varias mujeres
a las que acogía y ayudaba como otras lo hicieron con ella. La bruja siguió
vistándola hasta que murió, pero antes de eso ya le había enseñado a curar el
cuerpo y alma de otras. El asunto es que un día, cuando Lili era ya bastante
vieja, llegó a su casita una joven desesperada que había oido de ella y quería
aprender. Decidió vivir junto a Lili y seguir con sus tareas después de su
muerte. Dicen que el rey nunca perdonó que Lili le robara así su hija menor,
pero en ella no hubo sed de venganza sino amor por la valiente joven en quien
pudo reconocerse y reconocer a muchas otras.