Sexo, género, orientación del deseo sexual.
Sesión introductoria a los elementos clave para la comprensión de la sexualidad humana desarrollada en el
sistema sexo/género patriarcal (en SL)
Como ya se ha explicado en los avisos, esta charla/taller es la primera, la introductoria para comprender términos, palabras con las cuales referimos aspectos centrales de la sexualidad humana.
Quiero destacar el que se trata de “sexualidad humana” porque los seres humanos somos parte de la especie animal, pero tenemos una particularidad que nos hace diferentes, que complejiza nuestras vidas, eso es, las hace más ricas en matices; menos fácil de simplificar. Estoy hablando de nuestra particularidad de ser seres biológicos y culturales al mismo tiempo, de que para ser personas, para ser humanos y no sólo animales, nos hemos dotado de un entramado social (ideologías, normas, valores, etc.) que nos “produce”, que nos “alimenta”, por decirlo de algún modo, tanto como la comida que ingerimos. Somos producto de la biología y la cultura. Sin esta última, podríamos tener forma humana, pero no sé si podríamos llamarnos propiamente humanos... personas.
Ok, pues a la sexualidad de esta clase de seres me refiero y los términos que vamos a revisar hoy, en cuya comprensión vamos a introducirnos son los que han definido la sexualidad humana desde hace mucho tiempo aún cuando antes las palabras sobre la que vamos a reflexionar: sexo, género y orientación del deseo sexual, siquiera se mencionaran.
No quiero ponerme demasiado “academicista”, sólo voy a leerles sólo una definición de de Gayle Rubin, de 1975 sobre lo que ella llamó (y much@s profesionales e investigadores seguimos usando) el sistema sexo género. Para Rubin, el sistema sexo género (en adelante escribiré s.s/g que es más cortito) es “el conjunto de disposiciones por el que una sociedad transforma la sexualidad biológica en productos de la actividad humana, y en el cual se satisfacen todas esas necesidades humanas transformadas”. Es decir, es el sistema por el cual lo que en los animales es pura biología e instinto, en nosotr@s se convierte en social. Por el que nuestra sexualidad se convierte en una sexualidad diferente de la de los demás animales y por medio del cual la normamos, le damos reglas y, muy importante, aprendemos a vivirla como si eso fuera puramente natural y no tuviera nada que ver con lo cultural.
Es fácil pensar en algunos ejemplos de esto si me ayudáis: pensad, por ejemplo, en diferencias entre nuestras formas de vivir la sexualidad como humanos y en la de algunos animales, habréis tenido perrit@s, gat@s, visto documentales o paseado por una granja alguna vez, ¿no? ¿Qué diferencias se os ocurren?
Bueno, todo eso que habéis mencionado como propio de los humanos y diferentede los animales son elementos que pertenencen a nuestro s.s/g. Vamos ahora a lo central de ese sistema.
De acuerdo al s.s/g existen sólo dos clases de seres humanos: los hombres y las mujeres y para crear estas dos categorías como únicas posibles hay 3 conceptos básicos: el sexo, el género y la orientación del deseo sexual. Se plantean como dicotómicas y polares, es decir o lo uno o lo otro y sin intermedios posibles; complementarias, es decir cada categoría completa a la otra, ofrece aquello de lo que la otra carece para hacer un todo, como si fueran piezas de un rompecabezas en dos partes: encajan perfecto y hacen algo más completo y son jerárquicas, es decir una de ellas es más valiosa que la otra.
¿Cómo se aplica?
En el sexo. El sexo, en este sentido, refiere a si somos machos o hembras. Sólo es posible, de acuerdo a este sistema, ser macho o hembra. Y esto se determina al momento de nacer un bebé mirando sus genitales: si hay un pene es un macho (un niño), si hay una vulva se trata de una hembra (una niña). ¿Qué pasa si eso no resulta tan claro? ¿Si hay una vulva con un clítoris “grande”?, ¿si hay algo que no encaja en esta visión dicotómica? ¡Ah! Bueno, fácil... ¿fácil? Se ha determinado que el sexo depende de los cromosomas sexuales (XX en las hembras; XY en los machos); de las hormonas (mayor presencia, aunque no exclusiva, de andrógenos en los machos –testosterona- y mayor presencia de hormonas femeninas, aunque no exclusiva, en las hembras –estrógenos y progesterona-) y de las gónadas (testículos en los machos, ovarios en las hembras). Así que sí, ante una situación “poco clara”, l@s médic@s se ponen manos a la obra, hacen unos cuantos exámenes y deciden si están frente a un niño a una niña y, por supuesto, qué medidas tomar para “normalizar” aquello que hace que fuera tan difícil clasificar. Profundizaremos en estos asuntos cuando tratemos, en la próxima charla exclusivamente sobre “sexo”.
Pues bien, ahora ya sabéis, más o menos, de que hablamos cuando decimos “sexo”. Sexo, en el s.s/g refiere a las características biológicas que nos hacen machos o hembras. No sólo a estos “caracteres sexuales primarios”, la apariencia genital, sino, también a los secundarios. Es de machos tener mucho vello y cierta forma de distribución del mismo, por ejemplo. Es de hembras tener poco vello y otra distribución. En la próxima sesión, entramos también en esas diferencias, las pensamos, cuestionamos, etc.
¿Y el género, entonces?
¡Puf! Habréis leído en el periódico los miles de debates con la Real Academia de la lengua española, la RAE que, por cierto, tiene un lema increíble: “fija, limpia y da esplendor”, jajjjaja… ¿a que parece de detergente? Bueno, perdón… Hubo mucha discusión cuando se hablaba de la ley contra la violencia de género porque la RAE decía (y dice) que esta palabra es sinónimo de sexo, que no hace falta, que es un anglicismo, es decir, una traducción burda de la palabra inglesa. Pues bien, para quienes investigamos y trabajamos en cuestiones de sexualidad y género hay una gran diferencia. Si “sexo” refiere a aspectos biológicos, es decir, a ser macho o hembra; género refiere a aspectos sociales, a lo que conocemos como ser “masculino” o “femenino”. Refiere a formas de comportamiento que se entienden como típicamente de hombres o típicamente de mujeres. Pero es eso, típicamente y, otra vez, se actúa y se funciona como si sólo se pudiera ser femenino o masculino, como si las personas tuviéramos sólo una posibilidad de comportamiento. Por poner sólo un ejemplo, esta idea de que lo masculino es ser asertivo, incluso agresivo y, lo femenino, complaciente y dulce. Una “chica dura” “fría” “muy racional” o un chico “dulce, débil, amoroso y suave”, según el s.s/g son, nuevamente… anómalos. Otra vez espero dejaros con ganas de más y esto será tema de la tercera charla.
¿La orientación del deseo sexual?
¡Ajá! Entramos en terreno aún más complicado, si cabe. El s.s/g entiende que hay dos orientaciones posibles de deseo: heterosexual y homosexual. No hay más. O te atrae sexualmente la gente “del sexo opuesto” y eres hetero, o te atrae la gente de tu mismo sexo y eres homo. ¿Y las personas bisexuales? ¿qué creéis? Rarit@s, de nuevo, “indecis@s”, “gente que no se conoce a sí misma o no se ha descubierto”. Así responde un sistema polar, dicotómico.
Además, tengo que recordaros que no sólo se trata de la dicotomía y polaridad en que me he venido centrando, se trata de complementaridad y, entonces, l@s homosexuales quedan totalmente fuera del sistema, no se entienden como complementarios que se completan, sino como “el error de insistir en juntar dos piezas iguales del rompecabezas”… también anormales. Y aún hay más, si el sistema es jerárquico, así que la homosexualidad es lo desviado, lo menos valiso, “el error”. Adivinad, en cuanto a sexo (biológico, os recuerdo) cuál vale más que el otro (aunque parezca un poco mitigado por lo políticamente correcto). Os doy pistas: ¿qué suelen preferir madres y padres que sea el primer retoño? ¿a quienes se deja morir en épocas de hambre? ¿ a quienes se aborta selectivamente en China, por ejemplo?
Ser macho es más valioso que ser hembra. Ser masculino, más que ser femenino y ser hetero, indudablemente, más que ser homo. Vamos, como lo estáis oyendo/leyendo, el sistema es una joya de centrífuga que crea seres marginales a la par que crea seres, así, en absoluto.
Por otra parte, estos tres elementos que ahora analizamos por separado, el s.s/g los ha creado como una cadena, como si cada uno fuera causa del siguiente, por tanto, si eres macho, se supone que has de ser masculino y heterosexual. Si eres hembra, te ha tocado ser, digamos “persona de segunda”, pero, de cualquier modo, has de ser femenina y heterosexual. Sólo dos opciones válidas (y una más válida que la otra): macho/masculino que desea mujeres; hembra/femenina que desea (o ama, se nos supone más románticas que deseantes) a hombres.
Resulta que, como el sistema es rígido y tramposo, la cadena puede romperse, muchas veces se rompe, mostrando que no hay tal causa-consecuencia. Así, por poner un ejemplo, un macho puede ser femenino y, entonces, como tenemos en la cabeza, a fuerza de ideología patriarcal la idea de causa consecuencia, suponemos que ese hombre es homosexual… lo cual, muchas veces no es el caso. O bien, si una mujer, por usar otro ejemplo que no suele entenderse, se siente e el cuerpo errado, se hormoniza, se opera y se convierte en un hombre (transexual de mujer a hombre), se supone que será masculina en sus comportamientos y que será heterosexual… y resulta que hay de estos “nuevos hombres” que son gays y, como la gente confunde sexo con identidad/subjetividad de género y orientación del deseo y está convencida de que una da origen a la otra, se queda toda confusa preguntándose: ¿y para qué se operó para ser hombre si le gustan los hombres? ¡Se operó porque se siente hombre, porque rechazaba su cuerpo de hembra y, probablemente, su posición en el mundo como femenina! Sin embargo, eso no tiene nada que ver con su orientación de deseo sexual. Lo explican ellos mismos así: de haber nacido hombre, también habría sido gay”.
En la próximas sesiones, nos adentraremos en cada uno de los temas, los analizaremos, veremos el efecto que esto tiene en las vidas de las personas, pensaremos en qué tiene de funcional el sistema (porque funcional es, por eso se ha mantenido en parte) y, si queremos, en qué podemos aportar para siga cambiando como está pasando poco a poco, lentamente, desde hace ya bastantes años.
A quienes queráis, os recomiendo, si tenéis tiempo y ganas ver antes del próximo martes, antes de la siguiente sesión, la película XXY. El tema en que profundizaremos la próxima sesión es sexo y la película va muy bien para ejemplificar lo injusto de esta dicotomía entre machos y hembras cuando la naturaleza no produce tal cosa. Sólo os adelanto que la peli va sobre una persona con lo que se conoce como “Síndrome de Klinefelter”… y ya, no cuento más.
Os invito a la próxima sesión, próximo martes a las 22:00 (13:00 SL) aquí mismo; a haceros parte de los grupos Max (aquí, en el cartel a mi espalda) y al de De-generad@s (buscando en vuestro buscador por grupos con este nombre). Así siempre estaréis informad@s de lo que hagamos tanto en Max, en que hay charlas sobre diferentes asuntos, como en De-generad@s, siempre en torno a sexualidad, género y relaciones afectivas. Podéis, también, si queréis, votar por Max en los carteles disponibles para eso, así lo hacemos más visible. ¡Ah! También podeís acceder a mi web en www.sexoygenero.org... Y creo que ya está.