Un intento de aplicar la
hermenéutica de Gadamer al diálogo (¿posible?) entre patriarcado y feminismo.
Flavia
A. Limone Reina
Este
artículo es un intento por aplicar los conceptos fundamentales de la
hermenéutica gadameriana a un diálogo que, siguiendo a Gadamer, debiera ser
posible entre dos tradiciones muy diferentes que coexisten en la actualidad: el
patriarcado y el feminismo. Su origen fue un trabajo de fin de asignatura en el
marco de los cursos del Doctorado en Psicología Social Crítica, si mal no
recuerdo, en el año 2000. La actual versión es una revisión hecha para esta
página web en octubre de 2005.
Entiendo por
patriarcado el macro nivel del Sistema sexo/género (S.s./g.). Propongo, por
tanto, una somera revisión de este sistema antes de cemtrarme en el tema que
nos ocupa.
El término S.
s./g., fue propuesto por Rubin (1975) que los define (potencialmente, al menos,
habría más que el S. s./g. patriarcal, por esto el plural) como “un conjunto de
disposiciones por el cual la materia prima biológica del sexo y la procreación
humana son conformadas por la intervención humana y social y satisfechas en una
forma convencional, por extrañas que sean algunas de las convenciones” (Rubin
en Lamas, M., 2003:94).
Este conjunto de
disposiciones, propongo, puede analizarse considerando tres subconjuntos o
niveles en que el S.s/g. se manifiesta y
que están en estrecha interrelación influyéndose mutuamente. A saber:
El machismo, que entiendo como un
(conjunto de) comportamiento(s) en que las actitudes, acciones y discursos son
congruentes con un sistema social en que hombres y mujeres forman dos grupos desiguales([i]). Cada grupo constituye
un género polar y complementario del otro y ambos están jerárquicamente
organizados de tal manera que los hombres son quienes detentan el poder y las
mujeres son subordinadas. Esta jerarquía es causa y consecuencia de la
valoración que se hace de las características asignadas a cada género y las
capacidades que estas confieren a cada uno.
En resumen, el machismo es un conjunto de comportamientos coherentes con
el S.s/g patriarcal y que constituye su micro nivel.
El sexismo, que es el “Conjunto de
todos y cada uno de los métodos empleados en el seno del patriarcado para poder
mantener la situación de inferioridad, subordinación y explotación del sexo
dominado: el femenino.” (Sau, 2000: 257). En otras palabras, si el machismo es
comportamiento; el sexismo es método, estrategia. Es por esta misma razón que,
en mi propuesta, el machismo se vincula a las relaciones (inter)personales
cotidianas menos explícitamente reguladas y el sexismo con lo institucional.
Aquí, en las instituciones, es donde suelen formularse, implícita o
explícitamente, los “reglamentos de funcionamiento del S.s/g.”. Se trata pues,
del meso nivel del sistema y, en el sentido histórico, probablemente sea su
nivel instaurador. (Cucchiari,1996; Vendrell Ferré, 2003).
El patriarcado, en esta propuesta
teórica, propongo definirlo como el imaginario social, el conjunto de
creencias que, dando lugar a “verdades
rectoras”, nutre tanto al sexismo como al machismo (y que es reforzado y
sostenido por las acciones que en ellos se producen como si se tratara de un magma
de sedimentación). Es decir, se trata del nivel más macro, abstracto y
simbólico de sistema con un alto componenete ideológico.
El
feminismo, de acuerdo a Victoria Sau (2000:121) “es un movimiento social y
político (...) que supone la toma de conciencia de las mujeres como grupo o
colectivo humano, de la opresión, dominación y explotación de que han sido y
son objeto por parte del colectivo de varones en el seno del patriarcado bajo
sus distintas fases históricas de modelo de producción, lo cual las mueve a la
acción para la liberación de su sexo con todas las transformaciones de la
sociedad que aquélla requiera.” Es decir, el feminismo es un movimiento social
de las mujeres que pretende mejoras en los derechos sean estos legales o de
costumbres. Es, por lo tanto, también una propuesta ideológica.
¿Cómo
podrían comprenderse estas dos tradiciones si la presencia de una niega la
posibilidad de ser de la otra? ¿Cómo podrían dialogar dos tradiciones así de
opuestas? ¿Es posible este diálogo? Revisaré los conceptos básicos de la
hermeneútica gadameriana intentando encontrar respuesta a estas preguntas.
Dentro
de la hermeneútica gadameriana, que se entiende como el arte de interpretar, es
necesario partir posicionándose como hermeneuta que intenta la comprensión de
un texto –en este caso, los múltiples “textos”- sin desconocer los propios
prejuicios (considerados desde aquí no con cariz negativo sino como juicios de
carácter previo basados en los propios conocimientos) que provienen de la
tradición en la que nos ubicamos. En este caso particular, la posición será de
una feminista socio-construccionista que, reconociendo sus prejuicios intenta
comprender el patriarcado. Es decir, intentaré escapar del “ingenuo
historicismo objetivista” que pretende lograr la objetividad histórica
poniéndose en la perspectiva de la tradición que se intenta comprender y
desconociendo la situación temporal y contextual del intérprete.
Si
para Gadamer la conciencia histórica es “el privilegio del hombre moderno de
tener plenamente conciencia de la historicidad de todo presente y de la
relatividad de todas las opiniones” (Gadamer 2000:41), la consecuencia de esta
definición deviene, como él mismo lo plantea, en comprender una multiplicidad
de puntos de vista relativos. Así, la interpretación resulta de una actitud de
la conciencia histórica que reflexiona sobre la voz que le viene del pasado y,
sitúandola en su contexto, observa su significado y valor relativo. De acuerdo
a Gadamer (1999), esta interpretación se hace necesaria cuando el significado de un texto –o de
cualquier construcción histórica- no se comprende en un primer momento. Es,
entonces, una reflexión explícita sobre las condiciones que hacen que lo interpretado tenga tal o cual
significado. Esta es la situación en que me encuentro movida por intereses
de investigación y políticos. Frente al
patriarcado mi primera reacción es de incomprensión y molestia, es necesario,
por lo tanto, reflexionar haciendo uso de la conciencia histórica para
comprender el valor del patriarcado dentro de la tradición en que se encuentra.
Para llevar a cabo esta tarea es importante contar con la distancia temporal
que permitirá distinguir entre “prejuicios que oscurecen” y “prejuicios que
aclaran”.
Hay
variadas teorías que explican el origen del patriarcado, sin embargo, todas
parecen tener en común la relevancia del factor “control”. Los hombres, ya sea
porque aparece la vida sendentaria y con ella la propiedad privada, porque
surge la noción de derecho, porque descubren que participan en la fecundación o
por cualquier otra razón (o combinación de éstas), necesitan controlar la
fertilidad femenina y asegurarse de que los hijos (que son un bien económico en
una sociedad que requiere de mano de obra) les sean propios; necesitan
controlar la sexualidad femenina y obtener obediencia. Este podría ser el
inicio de nuestra aplicación del círculo hermeneútico, ya que este se entiende
como una dialéctica entre la adivinación
del sentido del todo y su explicación posterior por las partes. Es
decir, siguiendo a Gadamer, intentamos anticipar el sentido del patriarcado por
medio de la comprensión de ciertas partes que nos resultan más claras –por
ejemplo, la necesidad de control-, pero sólo
podemos atribuir el sentido exacto de esas partes una vez que se haya
logrado comprender el todo, el sentido completo del patriarcado. Así, pues,
intuyo que la ideología patriarcal, más que basarse en el sentido de
superioridad tantas veces atribuido a ella –y que sin duda es parte integral de
la misma en la actualidad- se desarrolla a partir de la emoción del temor; el
miedo al poder femenino de dar y negar la vida y en los valores de posesión y control sobre ese
poder. Se generan las estrategias para ese control y las categorizaciones en
masculino y femenino, instaurando así el sexismo y comienzan a derivarse las
“verdades rectoras” del S. s./g. patriarcal, la ideología patriarcal; en breves
palabras, el patriarcado.
En
la actualidad, el patriarcado no está en condiciones de dialogar con el
feminismo puesto que se siente amenzado por este (y lo está). Un díalogo tiene
su realización originaria en preguntar y responder (Gadamer 1999). Sin embargo,
podemos intentar comprenderlo por medio de dialogar con él planteándole preguntas
y tratando de “oir” las respuestas que su tradición ofrece. De acuerdo a
Gadamer “el fenómeno hermeneútico
encierra en sí el carácter original de la conversación y la estructura de
pregunta y respuesta” (Gadamer 1999: 447). Así, pues, al plantearle al
patriarcado la pregunta de por qué las mujeres deben estar sometidas a los
hombres, he “oido” como respuesta: “porque tenemos que controlar su capacidad
de fecundar, su sexualidad como fuente de su poder; porque nos amenaza en
nuestra supervivencia el que ellas tengan el control de sus cuerpos y decidan
sí o no nos darán hijos e hijas, de quién serán, a quienes servirán.” Es por
esto que el patriarcado no sólo controla a las mujeres, sino también a sus
descendientes que, si son mujeres serán educadas para esta obediencia y si son
hombres serán educados para ejercer el poder; si no lo hacen serán castigados
por ser “menos hombres” como ellas por poner en peligro el sistema.
“Comprender
lo que alguien dice es, como ya hemos
visto, ponerse de acuerdo en la cosa, no ponerse en el lugar del otro y
reproducir sus vivencias” (Gadamer 1999: 461). Sin embargo, resulta más que
difícil “ponerse de acuerdo en la cosa” respecto del patriarcado por cuanto
este no reconoce su intención de control, sino que argumenta que “es natural”
(léase congénito/biológico o proveniente del orden divino, esencial a lo
humano) el orden jerárquico de los
sexos. Dentro del absolutismo del que proviene, el patriarcado niega la
posibilidad de evaluar las respuestas del feminismo en su contexto y valorarlas
relativizándolas como pertenecientes a una cultura y tiempo determinados (a una
tradición) pero, aún con más fuerza, se
niega a verse a sí mismo como una tradición cultural, sino que se observa como
el orden natural contra el que se opone una intención de “desorden” y
“desobediencia”. Es un efecto derivado
de la hegemonía. Sirviéndose del positivismo ha “demostrado” de todas las formas posibles –dentro de ese
paradigma- que las mujeres somos “naturalmente” inferiores o, por lo menos, diferentes
de los hombres. (Recuérdense las, no muy lejanas, mediciones de la masa
encefálica de ambos sexos). Diferencias que no resultan en absoluto ingenuas
puesto que cuanto se asocia a lo “naturalmente femenino” es lo mismo que se
asocia a aspectos infravalorados,o incluso negativos, del ser humano. Sólo para
mostrar dos ejemplos, para Montecinos (1998) las "virtudes"
consideradas típicamente femeninas (como fidelidad y abnegación) son hoy
consideradas como símbolos de la subordinación; de acuerdo a Bosch, Ferrer y
Gili las características de la depresión (“patología”) son: dependencia,
pasividad, falta de firmeza o asertividad, gran necesidad de apoyo afectivo,
baja autoestima o indefensión e incompetencia. Luego comparan estos síntomas
con el estereotipo patriarcal de femineidad y masculinidad y los resultado son
los siguientes:
Femineidad Masculinidad
-Dependencia -Autonomía
-Pasividad -Actividad
-Falta
de firmeza o asertividad -Asertividad
y agresividad
-Gran necesidad de apoyo
afectivo -Capacidad de aceptar
riesgos y tomar decisiones
-Desarrollo
de baja autoestima e -Desarrollo
de alta autoestima y seguridad
indefensión
-Incompetencia -Competencia
Es
decir, lo femenino resulta ser, por naturaleza, depresivo.
Interpretación
y comprensión de un texto consecuente del
patriarcado (es decir, machista).
Intentaré
mostrar esto por medio de un texto específico al que aplicaré la hermeneútica
gadameriana para interpretarlo. Es decir, entraré en diálogo con un texto
representativo de la ideología patriarcal, aún cuando en el mismo texto
observemos poca o nula intención de dialogar con el femenismo, entendido este
diálogo como lo entiende Gadamer: la conversación, por medio de preguntas y
respuestas, evaluando los propios prejuicios a la luz de la tradición que se
observa. Es evidente, en el texto citado a continuación, que no hay intención
de interpretar y comprender el feminismo sino de descalificarlo.
(He
numerado los párrafos para hacer más fácil la interpretación y comprensión del
texto)
Juan
Nuño en
www.analitica.com/bitblioteca/juannuno/feminismo.asp
Abramos, entonces
el diálogo con el texto:
- ¿Qué es el
feminismo?
El texto considera
el feminismo como ideología [1, 8] en tanto que, dada su caracterización del
término, entiende esta última como “falsa creencia” (visión, por lo demás,
dominante del concepto de ideología). Se asocian a las ideologías y, por lo
tanto al feminismo como una de ellas, la confusión [1], el culto a figuras
destacadas de la misma [2], el ser avasalladoras [2], la propaganda de
agitación [7], la renuncia a la ciencia [6, 8], la carencia de racionalidad
[8], la sobrecarga de sentimientos, creencias, deseos y voliciones
(considerándose esto como algo negativo en comparación a lo que podría ser “la
sobrecarga de razón”) [8]. El feminismo es, además, supuestamente, lo opuesto
al machismo [7].
- ¿Cuál es, en esta
ideología, la figura de culto y cuáles sus principios?
“La
eterna y plúmbea Simone de Beauvoir” [2] con quien el texto no simpatiza como
se hace evidente al considerarla “pesada como el plomo”, reconocerla como “
Sus
principios, nos dice el texto, son errados por cuanto enfrenta falsa y
superficialmente, biología y cultura [2]. El enfrentamiento es falso por cuanto
está establecido en la biología (que sí es ciencia [7, 8, 9 10]) que la especie
se distribuye en dos géneros [2, 7, 9] y
que el sexo primario es el femenino [2] . Así, la mujer no deviene mujer, sino
que nace mujer y sólo el hombre deviene hombre [2].
Otro de los
errores en los principios de
- ¿Cuál es el
futuro del feminismo?
Está condenado a
ser ideológico y, por lo tanto –dentro de este paradigma- anticientífico puesto que sólo el machismo
podría ser científico [7] ya que se basa en la biológica diferenciación de
sexos para la reproducción. Es decir, la biología es ciencia y los estudios culturales
(ya sea desde la antropología, la psicología, la etnometodología, la
sociología, etc) no son científicos sino ideológicos [7, 9].
El feminismo,
según el texto, se enfrenta a tres opciones excluyentes para continuar: dos
utópicas (es decir, una doctrina o plan inalcanzable) y una verdadera (un hecho
científico-biológico) [9]. La indiferencia sexual sin predominio de ninguno de
los sexos (lo cual es imposible por razones científicas –biológicas- [10]); la
derrocación de un sistema de opresión para sustituirlo por otro de signo
opuesto (dado que si estas opciones son excluyentes, la eliminación de un
sistema opresor implica la creación de otro porque si no fuera así estaríamos
frente a la primera opción. Esto tampoco es posible dentro de la ciencia [10]);
el reconocimiento del hecho biológico de la diferenciación sexual y la
competitividad reproductiva. Esto es lo único viable dentro del marco
científico [10]. Esta última opción, la única científicamente viable, destruye
el feminismo porque habría que calificarla de machista [10].
- ¿Cómo han
imitado las mujeres a los hombres?
Al parecer,
haciendo lo mismo que hacen ellos, creando un “vulgar movimiento político”, un
movimiento ideológico confuso y sin destino [1, 10] como en tantas ocasiones
han hecho los hombres.
Hay, además,
algunas preguntas en este diálogo para las cuales no consigo oir respuestas en
el texto, quizás porque no he logrado superar mis prejuicios y salvar la
distancia temporal (en este caso más bien cultural), quizás porque las respuestas
no están en el texto:
- ¿ Por qué la
ausencia de predominio de ningún sexo es utópica? ¿Por qué implica
indiferenciación sexual? ¿ Por qué no puede haber diferencia sexual en igualdad
de derechos, sin predominio?
Intuyo que la respuesta
tiene que ver con el desconocimiento/descalificación del valor de la cultura
dentro del texto, por lo cual se asocia toda diferencia entre los sexos a
causas biológicas. Se confunden conceptos como sexo y género: “(...) perfecta e
inexorable distribución de la especie en géneros (...)” [2]. Se entiende el
“devenir mujer” como un devenir biológico –destino- [2, 3, 4, 5] y no como un
devenir cultural en tanto mujer femenina definida por el patriarcado
–vocación-.
- ¿Qué es la
“competitividad reproductiva”?
Aquí estoy aún
más confusa: ¿quiere esto decir que,
necesariamente, las mujeres debemos ser madres y en ello reside su ser mujer?
¿qué negarse a ello sería desconocer el valor de la biología e interrumpir la
propagación de la especie? ¿qué las feministas promovemos el rechazo a la
maternidad?
- ¿Por qué,
según el texto, la biología avala el machismo?
¿Porque propone que las mujeres son meras
reproductoras y que los machos deben inseminar a la mayor cantidad posible de
ellas? “(...) la consagración de
tendencias poligámicas en el macho para un mejor cumplimiento de aquella
función.” [7].
- ¿No es disonante con el resto del texto que
asegura que el machismo tiene sustento biológico, decir: “(...) la respectiva
ideología para mantener la dominación (por ejemplo, hasta ahora la machista)
(...)”? [9]
La hermeneútica gadameriana nos propone aprehender
los dichos de otro, sin necesariamente aprobarlos. Es inevitable, sin embargo,
que se caiga en la tentación de evaluarlos y la idea, incluso, es ser invitado
a una toma de posición favorable. No se trata de olvidar las propias opiniones,
se trata, simplemente, de situarse en relación a dicho sistema de
opiniones. Así las cosas, he hecho el
intento de interpretar y comprender el texto desde su sistema de opiniones,
pero no me resisto, ahora, a presentar las mías y, de ese modo, mostrar mi
desacuerdo con muchas de las opiniones del texto.
Ofreciendo la posibilidad de dialogar con un texto
feminista.
He de partir diciendo que el texto anterior es,
legitimamente, un texto que no intenta el diálogo con el feminismo:
1.- no evalúa sus propios prejuicios, sino que
habla desde ellos. Así, no sólo no “escucha” al feminismo, sino que lo
descalifica desde el principio evitando ubicarse en su sistema de opiniones.
2.- lo anterior es comprensible puesto que el texto
desconoce también la hermeneútica gadameriana –no tendría por qué conocerla y
está claro que su intento no es hermeneútico- que propone que es el objeto de
estudio mismo el que determina su método de penetración. Por lo tanto, el
método de las ciencias naturales –específicamente el de la biología- resulta
inadecuado para la comprensión de un fenómeno cultural.
Crearemos, entonces, un texto en respuesta al
anterior citando (por medio de los números usados en los párrafos del primer
texto) las expresiones de dicho texto y contestándolas desde una mirada
feminista:
[1]
Las ideologías, y entre ellas el feminismo, no son creencias falsas carentes de
razón. Son "la base de las representaciones sociales compartidas por un
grupo" (Van Dijk 1999: 23). Este autor no considera que las ideologías se
relacionen con creencias falsas, ya que
dos posiciones opuestas –de las que se debiera pensar que una es falsa y otra
verdadera a luz de la lógica- pueden ser consideradas ideológicas sin que se
desprenda de esto una evaluación negativa. Así, el patriarcado es también,
entre otras cosas, una ideología.
[2]
Es cierto que el sexo primigenio es el femenino. Se ha experimentado quitando
las gónadas a un embrión antes de la diferenciación sexual y el resultado, en
estos casos, sea un embrión XX o XY es siempre femenino. Sin embargo,
culturalmente, el femenino es el segundo sexo, el sexo despreciado, el sexo que
no es lo perfecto, lo Uno: varón. Es en este sentido, en el sentido cultural,
que tanto se deviene hombre como mujer, puesto que ello es una construcción
social y no un determinismo biológico.
La
especie humana, biológicamente, no se distribuye en géneros, sino en sexos; es la
cultura humana la que se distribuye en géneros (más de dos, incluso).
[3]
En el mismo terreno cultural, de construcción social, ser mujer, femenina,
tradicionalmente mujer, es una vocación y no un destino. Hay, hoy, muchas
mujeres que, a la luz del patriarcado, no son “suficientemente mujeres” y
tampoco quieren serlo.
[7]
Feminismo no es lo opuesto a machismo. Este es un error lingüístico muy
habitual. Lo opuesto al machismo sería el hembrismo, un movimiento por la
superioridad de las mujeres y la opresión de los hombres que, menos mal, no
existe.
Ni
machismo ni feminismo se fundamentan en la biología, están en otro dominio, el
cultural, no el biológico.
[8]
Las relaciones hombre/mujer pueden ser “neutras”, sin dominación si por
dominación entendemos la estabilidad y generalización de los papeles de
orpresor(a)/orpimido/a. En relaciones igualitarias no existe ausencia de poder,
sino que el poder está en equilibrio móvil y no es opresor.
Si
hay predominio de un sexo no es por razones biológicas sino, culturales. De
hecho, biológicamente, el predominio “natural”, como muy bien apunta el texto
anterior, podría ser femenino puesto que es el sexo de base, nacen más mujeres,
sobreviven más tiempo y podrían controlar la natalidad por medio de abortos
selectivos, reforzando la natural tendencia al mayor número de nacimientos
femeninos. Dado que un varón puede inseminar a varias mujeres en breve plazo,
el número necesario de hombres para la reproducción de la especie podría ser
muy reducido –sin considerar los avances científicos que, tal vez, los hicieran
hasta innecesarios para la reproducción-. Este imaginario, creo, es la base del
temor patriarcal a la pérdida de control sobre las mujeres: la leyenda de las
amazonas.
[9]
Por supuesto, el actual predominio masculino es producto de una “conspiración”,
aun si los hombres de hoy se benefician (y se dañan) pasivamente de ella. Por
otra parte, la propuesta del feminismo (o de varios de los feminismos) es
diferente de las tres que el anterior texto plantea, es la igualdad de derechos
de los géneros y el derecho a la diversidad entre personas más allá de si es
hombre o mujer.
[11]
Si “ellas tomaran el poder”,entendido como abuso de poder estamos de acuerdo,
todo seguiría igual. Lo que queremos las feministas no es esta forma de poder,
sino su ausencia en las relaciones, o su redefinición. El abuso de poder sólo
es posible en la lógica patriarcal de la pertenencia y la posesión. En
igualdad, el poder sería reemplazado por la autoridad que se obtiene del
respeto y no de la fuerza ni de infundir temor.
Conclusiones.
El diálogo es
posible de acuerdo al significado gadameriano del mismo: preguntar, “oir” las
respuestas, evaluar los propios prejuicios para crear nuevas preguntas,
comprender (que no, necesariamente, aceptar). Si bien, el texto citado no lo
hace, “el patriarcado” podría hacer el mismo ejercicio. Aún así, diálogo en el
sentido que tiene en el habla cotidiana –no hermeneútico- , es decir,
interacción en la búsqueda de acuerdos, es muy difícil que exista mientras el
patriarcado no se reconozca a sí mismo como tradición en lugar de verdad
absoluta basada en “lo natural”.
Bosch, E. Ferrer, V. Gili, M (1999) : Historia de la misoginia. Palma de
Mallorca: Anthropos
Cucchiari, S.
(1996) : La revolución de género y la
transición de la horda bisexual a la banda
patrilocal: los origenes de la jerarquía de género. En Lamas, M. El género. La
construcción cultural de la diferencia sexual. México: UNAM/PUEG
Gadamer,
H.G. (1999) : Verdad y Método I. Salamanca:
Sígueme
Gadamer, H.G. (2000) : El problema de la conciencia histórica. Madrid: Tecnos
Montencinos, R. (1998) : Cambio cultural y crisis en la identidad masculina. En
Bourdieu, Hernández y Montencinos "
Rubin, G. (2003) : El tráfico de mujeres: notas sobre
la “economía política” del sexo. En Lamas, M.(2003) El género. La construcción
cultural de la diferencia sexual. México:
UNAM/PUEG
Sau, V. (2000) : Diccionario ideológico feminista.
Barcelona: Icaria
Van Dijk, T. (1999) : Ideología. Una aproximación
multidisciplinaria. Barcelona. Gedisa
Vendrell Ferré, J. (2003) : Del cuerpo sin atributos al sujeto sexual: sobre la
construcción de los
“seres sexuales”. En Guash, O. y Viñuales, O. Sexualidades.
Diversidad y control social. Barcelona: Bellaterra
Otros textos revisados:
Gadamer, H. G. (1998) : El giro hermeneútico. Madrid: Cátedra
Maturana, H. Verden-Zöller,
G (1993) : Amor y Juego. Fundamentos
olvidados de lo humano. Desde el patriarcado a la democracia. Santiago: Instituto de Terapia Cognitiva
[i] Utilizo el término “desigual” como
opuesto a “igual” apuntando así a necesidades, derechos, oportunidades,
etc. El
término “diferencia” no tiene la misma connotación de falta de equidad
que el término “desigualdad”.