-         Orientación del deseo sexual.

 

 

Nuestra cultura nos empuja a entender la atracción sexual como algo fijo, definido para toda la vida y, por supuesto, hetero. Es decir, creemos que los hombres “normales” se sienten atraídos por mujeres; las mujeres “normales” se sienten sexualmente atraídas por hombres y así es desde la más tierna juventud hasta la vejez.  Sin embargo, otras formas de deseo sexual son completamente normales (y esto se sabe desde las investigaciones de Kinsey, si es que no desde antes observando la historia, el comportamiento animal y varios etc.).

 

No se trata de “tolerar” y encontrar posibles causas al deseo lésbico, gay o bisexual (como tampoco buscamos las causas de la heterosexualidad), se trata de desaprender los prejuicios aprendidos y aceptar que las personas amamos y deseamos a personas, no a estereotipos.

 

Hay, sin embargo, algunas manifestaciones de deseo sexual que requieren especial atención por cuanto atentan sobre el criterio básico de la sexualidad sana compartida. Esto es, el encuentro sexual ha de realizarse por deseo personal y en coherencia con los propios valores (que no prejuicios). Requiere respeto por un@ mismo y por l@(s) demás involucrad@s y debe ser libremente consentido por cada quien que puede, además, poner fin a su participación cuando así lo desee. Esto último viene a decir que el sexo con alguien que no puede manifestar su disconformidad o que muestra que no desea practicar la conducta sexual en cuestión no es, simplemente, un acto sexual, es un acto de violencia. Y es un acto violento sea que se use o no la fuerza física para concretarlo.

 

Si bien muchas conductas sexuales que hoy se consideran parafilias (deseo anómalo), muy probablemente dejarán de considerarse así con el paso del tiempo y el aumento del respeto por la diversidad personal (si se trata de esto, de elección y no de limitación incontrolada); lo que no podrá nunca ser considerado aceptable es la trasgresión de este criterio antes mencionado.