Sexo como comportamiento sexual. La sexualidad

 

Flavia Limone Reina

Psicóloga social especializada en género

Sexóloga. Terapeuta de pareja

 

Ya he intentado comunicar algo sobre la forma en que entiendo el sexo. Esa referencia ha sido sólo en cuanto la “asignación de sexo”; al hecho de ser reconocid@s (y reconocernos) como macho o hembra. Sin embargo, el  término “sexo”,  sabemos, se utiliza también para referir al comportamiento sexual. “He tenido sexo con mi pareja anoche” o “El sexo me parece divertido”, son ejemplos de usos relacionados con el comportamiento. Es decir, estamos hablando de sexualidad.

 

¿Qué es el sexo en este sentido? ¿Qué es la sexualidad? Es algo, al menos para mí, difícil de definir (y buscando en diccionarios te encuentras que debe ser difícil en general, porque las definiciones son penosas).

 

En principio, diría que entiendo la sexualidad –humana- como un aspecto de la vida basado en la búsqueda de placer.  Considero la sexualidad como una parte más específica de la sensualidad que incluye, de manera privilegiada –pero no exclusiva-, la genitalidad (o sensualidad genital).

 

La sensualidad es nuestra capacidad de gozar de nuestros sentidos: de oler, ver, sentir (táctilmente), escuchar, gustar (sentir sabores). No debemos olvidar que el más grande de nuestros órganos sensibles es la piel y es ésta la que parece más directamente involucrada en nuestra sexualidad, también. Por triste que sea, eso es algo que tendemos a olvidar: toda nuestra piel es un órgano sensitivo que merece ser estimulado en aras del placer sensual y sexual y todos los sentidos están involucrados en una sexualidad rica.

 

Tanto la sensualidad como esta forma más específica, la sexualidad, requieren un desarrollo. Tenemos la tendencia a pensar que se trata de aspectos puramente instintivos de nuestra vida y que no es necesario que hagamos nada para su funcionamiento sano y adecuado. Hoy por hoy, en cambio, se sabe que los sentidos deben estimularse para su óptimo desarrollo, que existen “periodos críticos” en que, recibiendo la adecuada estimulación, estas capacidades se potencian y maduran del mejor modo posible. Muchas madres y padres lo han aprendido al tener un bebé. A diferencia de lo que ocurría antes, que l@s recién nacid@s se “enlulaban”, se evitaba la luz, besarle y tocarles “demasiado”, etc. en nuestros tiempos nos ocupamos en decorar la habitación con móviles, en acariciar y dar masajes, en hablarles, dar sabores a probar, etc. L@s bebés van  “aprendiendo” a sentir. Sabemos, también, que un/a bebé privad@ de esta estimulación, tendrá un desarrollo más lento.

 

¿Conocen aquello de “la función hace al órgano”?  Pues aquí se aplica muy bien. Si vendas los ojos de un/a neonat@ por años, cuando retires la venda el/la niñ@ será ciego. Sin el estímulo adecuado, su nervio óptico no se habrá desarrollado como es debido y, dependiendo del tiempo que haya pasado en este estado, puede incluso, no ver jamás.

 

Con la sexualidad, ocurre del mismo modo. Empieza a desarrollarse muy temprano (hay investigaciones que aseguran que los fetos se estimulan sexualmente; se masturban en cierta forma) y está activa toda la vida, al igual que ocurre con los demás sentidos. Mientras más tiempo se continúa su estimulación, más fácil es mantenerla “sana”.  Sin embargo, así como no comenzamos a dar papillas a l@s bebés hasta que tienen cierta edad y ciertas capacidades que le permiten aprovecharlas y evitar daños, tampoco iniciamos a l@s peques en la sexualidad compartida hasta que su cuerpo y su psique están preparados y lo “piden” (y, entonces, ya no tenemos mucho que ver con su iniciación, excepto porque, como siempre, estaremos atent@s a dilucidar sus dudas y a enseñarles a controlar sus apetencias para que respeten sus propios ritmos).

 

En las formas culturales actualmente más extendidas, la sexualidad se vive en secreto (especialmente la de las mujeres) y esto tiene efectos en el desarrollo de la misma en l@s niñ@s. Se produce la paradoja de un mundo hipersexualizado (y muchas veces, hipergenitalizado) al mismo que tiempo que las figuras paterna y materna parecen asexuales. Así, solemos aprender de sexualidad de manera informal y bastante inconveniente. Ojo, que no propongo que no cerremos la puerta y que l@s niñ@s tengan acceso a observar nuestras relaciones sexuales (que es algo que ocurre en algunas culturas y que no parece generar ningún daño, puesto que es una conducta normalizada). Sin embargo, podemos manifestarnos físicamente el afecto delante de ell@s y no esconder ni llenar de tabúes la vida sexual.

 

¿Imaginas la calidad de vida sexual que crean dos personas que nunca han tenido información clara sobre manifestaciones sensuales entre adult@s? ¿Que no han crecido en un espacio informad@ y relajad@ en asuntos relativos a sexualidad? ¿Que todo lo que saben de sexo es lo que han observado en revistas y películas pornográficas vistas a escondidas, en novelas rosa-eróticas o en los anuncios publicitarios? ¿Que sólo han escuchado a sus amistades contando batallitas medio inventadas sobre escarceos sexuales y que creen que el sexo es eso que aparece en las películas donde un hombre y una mujer cenan juntos, van a casa, se besan con pasión, cierran la puerta mientras se desnudan y sin más preámbulos él la penetra, ambos jadean pegados contra la puerta cerrada de un golpe, ruedan por el suelo y tienen un orgasmo simultáneo? ¡Si este es el modelo, la frustración, la decepción y él “¿esto es aquello de lo que tanto se calla por mágico?” tienen el camino ganado!

 

La sexualidad, el sexo como comportamiento, no sólo se vive en compañía, ni tampoco se vive siempre en compañía heterosexual, ni mucho menos suele ocurrir como en estas películas (aunque algunas veces ocurra, pero no sea casi nunca la primera ni la más habitual). También es “sexo”/sexualidad, la masturbación (con o sin orgasmo), las caricias erotizantes mutuas, el sexo sin penetración, etc.

 

Al fin, es más fácil decir a qué no se reduce el sexo: el sexo no es sólo la penetración de un pene en una vagina hasta conseguir un orgasmo (sí, a veces hasta se suele pensar sólo en uno: el del hombre). Esto es un triste empobrecimiento. El sexo es mucho más que esto.

 

¿Dónde está la frontera que permite decir que una conducta es sexual o no? No creo que haya una frontera específica, eso lo delimita cada persona en relación con otras. A mí, personalmente, me cuesta entender que, por ejemplo, una chica que ha practicado masturbaciones mutuas con su pareja y hasta penetración anal, diga que nunca ha tenido sexo porque no ha sido penetrada vaginalmente.

 

Diría que el sexo es el principal espacio lúdico (de juego) que tenemos l@s adult@s. Es un juego que se puede jugar en solitario o entre dos o más personas y que implica el placer erótico. La sensación de deseo y de hipersensibilidad corporal… a veces, se realizan juegos sexuales sólo con un par de miradas cómplices encontradas.

 

Pero insisto, el comportamiento sexual se aprende. Se aprende primero con un@ mism@, conociendo la propia sensualidad y sexualidad y se va a aprendiendo con cada nueva pareja o con los cambios al interior de una misma relación. Como todo, se aprende dentro de un marco sociocultural. Por lo tanto, nuestra sexualidad está en buena medida marcada por las normas culturales que, en ocasiones, pueden hacernos mucho daño (dado que, aún bajo su aparente “libertad sexual”, las cultura más extendida suele ser bastante represiva –ya sea explícita o implícitamente-  de las posibilidades de la sexualidad humana).

 

La variedad de conductas sexuales humanas normalizada ha ido cambiando con el tiempo (y seguirá haciéndolo). Sin embargo, aún hay muchos comportamientos que son considerados “desviados” o “anómalos”. No voy a referirme a todos ellos, pero sí me parece importante destacar lo que considero básico para hablar de un comportamiento sexual “sano”. Esto es: conductas sexuales que se realizan por deseo personal; liberadas de prejuicios y coherentes con los valores propios; con respeto por un@ mismo y lo(s) demas ser(es) con que se vive esta conducta y libremente consentidas por l@s participantes. Esto último viene a decir que es necesaria la capacidad de cada involucrad@ en  dicha actividad para decidir si quiere o no practicarla.

 

Uno de los aspectos que ha influido notablemente en nuestra manera de entender la sexualidad y en sus complicaciones ha sido la fuerte asociación que se ha hecho de sexo y reproducción. Esta asociación es la que explica que creamos que el impulso sexual empieza y termina con la etapa reproductiva de una persona. Craso error, como hemos visto en lo referido al inicio del desarrollo sexual. Lo mismo ocurre respecto de su fin. La vida sexual termina cuando lo decidimos así o con nuestra muerte. Evidentemente, ya lo hemos dicho, la sexualidad va cambiando, pero es absurdo y falaz creer que en adultez mayor, se reduce a tomarse de las manos y mirarse a los ojos tiernamente. Si es esto lo que crees y no modificas tus creencias, es posible que llegue a ser así para ti, pero no es esta la realidad de tod@s l@s adult@s mayores. En la medida en que se ha vivido una sexualidad más rica, más probable es que esta lo siga siendo hasta la muerte.

 

Es verdad que el cuerpo va perdiendo facultades, es verdad que muchas personas mayores requieren lentes (siguiendo nuestra analogía con la vista), pero eso no significa que se han quedado ciegas.

 

Otra asociación importante ha sido la de sexo y amor. Si bien comparto que el sexo con quien amamos (si es también buen sexo según nuestros criterios, lo que no necesariamente es siempre el caso) es especialmente placentero y gratificante, también es verdad que el sexo con una persona por la que sentimos respeto y aprecio (y por la que nos sentimos respetad@s y apreciad@s) puede ser también muy pleno. Como siempre, dependerá de los propios valores –y ojo con que sean valores y no prejuicios lo que estén en juego- y sólo en coherencia con ellos podremos disfrutar de nuestra actividad sexual.

 

Además, es muy relevante recordar que la vida sexual está mucho más relacionada con lo que hay entre nuestras dos orejas que con lo que hay entre nuestras dos piernas.